Desperté, pero no había rastro de tu presencia, fue como si nada hubiera sucedido ayer... no estabas tu, no había nadie, no había latas de cerveza ni restos de rancheritos en el comedor. No había nada que me hiciera pensar que había sido real, todo era como si nada.
Fue uno de esos sueños que se ven reales, que se sienten reales. Un sueño de esos que recuerdas a detalle a despertar y que quisieras que fuera real pero que sabes que no lo es.
No hay marcas de tus besos en mis labios, no dejaste estela de tu perfume ni tu esencia, no dejaste estampa de tus manos en mi cadera, no hay manera de saber que estuviste aquí, no hay razón para pensar que sucedió pues nadie te vio, nadie sabe que viniste y no hay huella de ti en esta casa, en este cuarto, en esta cama...
Soy una máquina de trabajo que funciona con chocolate, café, dulces, chistes malos, abrazos, películas, series, cosas cursis, aire libre, charlas amenas y magia... Yo sí creo en las hadas.
miércoles, 23 de febrero de 2011
sábado, 12 de febrero de 2011
Todos somos juguetes.
A algunos, como yo, les gusta jugar, poco a poco, lentamente, ir integrándose a alguna actividad lúdica denominada: relación. Algunos con ventaja, otros en desventaja y los afortunados juegan recíprocamente, pero esos, esos, son pocos.
Yo juego, tu juegas, el juega... nosotros jugamos.
Jugamos a conquistar y a veces somos conquistados. Jugamos con miradas, con frases, con palabras; jugamos con ilusiones a veces las suyas y a veces las nuestras; jugamos con caricias, abrazos y besos, jugamos con el amor, con la pasión y el deseo. Jugamos con fuego tratando de no quemarnos.
Jugamos de varias formas, a veces obvias otras no tanto, a veces sin interés pero siempre con intención. Jugamos, y generalizo porque todos lo hacemos, porque todos somos juguetes. Así como hay águilas que ponen sus ojos en las presas más débiles, hay personas que ponen sus manos en aquellos juguetes que están accesibles, que son interesantes o solo porque estén disponibles.
Jugamos porque es divertido, porque nunca sabemos hasta donde somos capaces de llegar ni hasta donde son capaces de aguantarnos. Jugamos porque nos dan la oportunidad. Porque el ego y el orgullo son más grandes que el sentido común.
A veces jugamos porque no tenemos nada que hacer y a veces porque queremos hacer algo. A veces jugamos sin que nos interese en que termine el juego, jugamos por la emoción no por los resultados. Jugamos sin que importe el color o tipo de la ficha, el tablero o las condiciones de las tarjetas, lo importante siempre es jugar.
Jugamos... porque no nos queda más opción. Algunos juegan por ganar y otros por no perder, mientras que otros (los peores) juegan por hacer perder.
Y todos participamos en el juego, todos apostamos, algunos ganan, otros pierden, otros se retiran sin intención de regresar al juego... pero siempre regresamos. No importa qué tanto perdimos el juego pasado, tenemos fe en recuperarnos, en recuperar la suerte perdida, esta vez si podemos ganar... pero pocos son los que lo logran.
Todos jugamos y con todos juegan, a fin de cuentas, todos somos juguetes.
Yo juego, tu juegas, el juega... nosotros jugamos.
Jugamos a conquistar y a veces somos conquistados. Jugamos con miradas, con frases, con palabras; jugamos con ilusiones a veces las suyas y a veces las nuestras; jugamos con caricias, abrazos y besos, jugamos con el amor, con la pasión y el deseo. Jugamos con fuego tratando de no quemarnos.
Jugamos de varias formas, a veces obvias otras no tanto, a veces sin interés pero siempre con intención. Jugamos, y generalizo porque todos lo hacemos, porque todos somos juguetes. Así como hay águilas que ponen sus ojos en las presas más débiles, hay personas que ponen sus manos en aquellos juguetes que están accesibles, que son interesantes o solo porque estén disponibles.
Jugamos porque es divertido, porque nunca sabemos hasta donde somos capaces de llegar ni hasta donde son capaces de aguantarnos. Jugamos porque nos dan la oportunidad. Porque el ego y el orgullo son más grandes que el sentido común.
A veces jugamos porque no tenemos nada que hacer y a veces porque queremos hacer algo. A veces jugamos sin que nos interese en que termine el juego, jugamos por la emoción no por los resultados. Jugamos sin que importe el color o tipo de la ficha, el tablero o las condiciones de las tarjetas, lo importante siempre es jugar.
Jugamos... porque no nos queda más opción. Algunos juegan por ganar y otros por no perder, mientras que otros (los peores) juegan por hacer perder.
Y todos participamos en el juego, todos apostamos, algunos ganan, otros pierden, otros se retiran sin intención de regresar al juego... pero siempre regresamos. No importa qué tanto perdimos el juego pasado, tenemos fe en recuperarnos, en recuperar la suerte perdida, esta vez si podemos ganar... pero pocos son los que lo logran.
Todos jugamos y con todos juegan, a fin de cuentas, todos somos juguetes.
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