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miércoles, 21 de enero de 2026

Duelo y despedida...

Cada despedida es diferente.  Decir adiós es más fácil cuando sabes que el hola de nuevo vendrá pronto, cuando la esperanza de volverse a ver sigue presente, cuando un hasta pronto no se convierte en un hasta nunca.

Cada una de mis despedidas permanentes ha dolido, ha dejado un hueco en mi corazón que he llenado de recuerdos, que he cubierto con abrazos y tapiado con textos dedicados a los que ya no están.  Cada adiós definitivo me ha empapado y me ha movido, su sacudida no me dejó estática.  La reunión de seres queridos, también dolientes, algunos ausentes o dependientes, incapaces de ver qué viene después de este “se acabó”, no me deja quedarme quieta, siempre hay algo qué hacer, buscar flores, hacer un pago o resurtir el café.  Tal vez alguna pérdida me convierta en uno de ellos, cuando el dolor me incapacite y me robe las palabras, cuando la persona despedida sea más cercana, más querida, más amada.

Cada adiós, es distinto, algunos con palabras, con silencios o con lágrimas.  Algunos rodeada de personas, algunos en total soledad, con un teclado y una pantalla. Algunos adioses acompañados de oración, de peticiones al cielo, de esperanzas de vida eterna y un rosario por su alma (y las otras ánimas benditas del purgatorio).

Cada ser querido al que he despedido, cada persona que se ha ido, cada inevitable impermanencia ha estado marcada por la distancia, por el tiempo, por el deber.  Ellas despidiéndose por anticipado, él sin decir nada.  Ellas en mis años conscientes, él, en lo inconsciente de mi niñez.  Cada adiós, cada despedida, cada dolor, cada

Me llevo de todos lo que me han dejado, lo que nos ha unido y lo que me ha marcado: un ángel guardián, el sentido del humor y de reacción, la misma profesión y un aroma que hoy día, sigue vigente.  Porque lo que me quedo no es un suéter, un perfume o unas sandalias, es la compañía que arropa, la esencia que perdura y los caminos que iniciaron. Gracias, por el tramo recorrido, me toca seguir avanzando. 

lunes, 16 de abril de 2012

Tú si..

Tú si puedes dejar que el silencio hable por ti y lanzar piedras al aire que deban ser cachadas, desaparecer semanas y meses sin decir nada a nadie, puedes salir y entrar en mi vida como te plazca, puedes crear ilusiones y luego romperlas, en pedacitos… muchos.

Puedes aparecer un día y endulzar mi existencia con tu simple, vana y común presencia; eres capaz de remover los miedos y crear remolinos y crear confusiones; el que dice que no y actúa con un sí, el que no traiciona pero engaña, el que sabe cómo hacerme pensar en ti.

¿Y yo? Yo fui masa moldeable en tus manos, fui la que esperaba tu decisión, tu llamada, tu presencia, la que no diría, no juzgaría… Fui la que sonreía a tu encuentro, la que deseaba lo que no era suyo, la que sabía que no tendría lo que disfruta…

Hoy, soy la que deja ir, la que no te buscará, la que no hablará de nuevo… Seguiré amiga pero no esperes nada más de mí, por que seré como suelo ser con todos excepto contigo... tú el que podía hacer lo que yo no... el que había ido y venido a su antojo, eres el que ahora se topa con sus propias acciones.

Yo soy la que ahora se queda callada, la que esperó demasiado de ti y de sí misma, la que no puede olvidar pero quiere decir adiós. Tú eres el que ha elegido y tomaste tu decisión; aunque, a fin de cuentas, siempre decidiste todo.

sábado, 14 de agosto de 2010

no seré yo...

Nunca he sido muy directa contigo, así que espero que entiendas esta indirecta...tal vez la última
Le he dado muchas vueltas al asunto y no puedo seguir esperando... creo que es el momento de
dejar todo atrás... Te agradezco lo que has hecho.. pero tengo que dejarte ir antes de que sea
más tarde, antes de que no pueda... y decir adiós me duele más de lo que imaginas... sabes lo
que fuiste y lo que significas... pero no puedo seguir viendo hacia atrás .. no más..
a fin de cuentas todo va a seguir como si nada.. como siempre, como hasta ahora...

♪♫
No seré yo quien te despierte cada mañana,
como un chiquillo pegando gritos frente a tu casa...
ya no estaré detrás de ti cuando te caigas,
pero no creo sinceramente que te haga falta...

No seré yo quien guíe tus pasos cuando te pierdas,
no seguiré quemando noches frente a tu puerta,
ya no estaré para cargarte sobre mi espalda,
pero no creo sinceramente que te haga falta...

Y se que vas a estar mejor cuando me vaya
y se que todo va a seguir como si nada
yo seguiré perdida entre aviones
entre canciones y carreteras
en la distancia no seré mas tu parte incompleta

Y se que vas a estar mejor cuando me vaya
y se que todo va a seguir como si nada
mientras escribo sobre la arena
la frase tonta de la semana,
aunque no estés para leerla en esta playa.

No es que yo quiera convertirme en un recuerdo
pero no es fácil sobrevivir a base de sueños,
no es que no quiera estar contigo en todo momento
pero esta vez no puedo darte lo que no tengo.

Y se que vas a estar mejor cuando me vaya,
y se que todo va a seguir como si nada,
yo seguiré perdida entre aviones,
entre canciones y carreteras
en la distancia no seré mas tu parte incompleta...

Y se que vas a estar mejor cuando me vaya
y se que todo va a seguir como si nada
mientras escribo sobre la arena
la frase tonta de la semana
aunque no estés para leerla en esta playa...

La frase tonta de la semana
La quinta estación.
Realmente, espero que a ti .. y a mi, nos quede claro...
Mmo

miércoles, 23 de junio de 2010

y él le dijo...
Te extraño, deseo que nunca te hubieras ido. Aún permanece tu aroma entre las sábanas de mi cama, en mi almohada, en mí. Quisiera poder despertar contigo cada mañana, estar otra vez entre tus brazos y verte de nuevo sonreír, tan coqueta, tan traviesa, tan tú. Daría todo, cualquier cosa, mi vida entera, mi mundo y mi reino por caminar contigo de la mano, por volver a tocar tu cabello, por estar contigo una vez más. Quisiera... quiero y no puedo tenerte, porque te fuiste y me dejaste, solo, triste, sin ti, con nada. ¿Recuerdas que te prometí estar contigo toda la vida? Aún mantengo mi promesa aunque tu no estés conmigo. Y, es que... digamos, que... paso todo el día pensando en ti, en los planes que hicimos y que no realizamos, los viajes que se quedaron en proyectos de papel, los lugares que no pudimos conocer más que en mapa, las películas que prometimos ver, ¿te acuerdas de eso? Me encantaría que pudieras despertar un día al despuntar el alba y me arrastraras fuera de la cama (como era tu costumbre) para hacer un picnic en la azotea, para caminar al aire libre, para conocer un lugar distinto. Extraño todo lo que odiaba de ti, extraño tus manías y tu horrible manera de manejar, tu indecisión al elegir qué ponerte, tu impuntualidad, tu soberbia y tu forma de cocinar. Te extraño, extraño todo. Te extraño a ti. Desearía que volvieras, al menos por un instante. Engáñame, hazme creer que es posible, quiero besar tus labios, de nuevo por última vez, porque ya no la recuerdo, no puedo acordarme de tus últimas palabras y me duele en el alma no haber estado ahí, cuando te fuiste, para detenerte, para mantenerte conmigo, para decirte adiós, porque te necesito, me haces falta y no puedo seguir adelante sin ti. ¿Por qué te fuiste, si éramos perfectos juntos? No quiero culparte, no fuiste tu... pero ya no estás conmigo y me duele. todo sigue como siempre, como cuando estabas a mi lado, tu ropa está aún en los cajones y tu foto permanece sobre el buró, tu recuerdo me hace compañía y el espejismo de tu presencia continua en el sofá, frente al televisor, callándome por hacer ruido en el final de la novela. ¿ves? Te extraño y deseo estar contigo, por siempre, para siempre, hasta la eternidad, pero no estás... Quisiera que escucharas mis palabras, que despertaras y sonrieras como siempre al decir "Buenos días", pero estás ahí, sigues así, callada, ausente, dormida, inmóvil, inerte...
Habló con ella, lo dijo todo...
y el silencio respondió...

jueves, 8 de abril de 2010

¿Amigos?

Le dijo adiós como quien pide un deseo a una estrella, el deseo de quedarse a su lado para siempre. Se deseaban, y rondaba entre ellos el fantasma del después. ¿Amigos? Ninguno de los dos quería seguir usando el título para nombrar al otro. Ninguno de los dos quería dejar de decirlo por primera vez.

De sus ojos cayó una lágrima como un pedazo de cristal roto a pedradas, como se destrozaba por dentro la certeza, como se deshacía su futuro. La mirada de uno fijada en los ojos del otro, en sus labios temblorosos se quería escapar un beso.

El silencio que los separaba se rompió aunque nadie dijera nada. Le dijo adiós de una forma inaudible. Le respondió Te Amo sin pronunciar sonido alguno. El camión en el que estaba arrancó, dejándoles la incertidumbre, llevándose el hubiera y dejándoles el ojalá...

¿Amigos? Ninguno de los dos quería serlo. Ninguno de los dos se atrevió a hablar.


8/21 Hasta mañana

domingo, 4 de abril de 2010

En sueños

La vio pasar. Hacía mucho tiempo que esperaba este momento. La vio avanzar lentamente, acercándose a él. Ella caminaba y su cabellera se movía al compás de sus pasos. La vio e Imaginó la conversación que se desataría cuando estuviera frente a ella, cuando la viera a los ojos:
- Hola, ¿Cómo estás?
- Disculpa, ¿te conozco?
- Claro, nos vemos todas las noches, en mis sueños.
Sacudió la cabeza y borró ese pensamiento de su mente. Era cierto. La había soñado en infinitas ocasiones y siempre sucedía lo mismo, siempre las mismas pláticas y los mismos temas. Nunca fue real y nunca fue tan malo.
- Disculpa, ¿Tienes un mapa?
- ¿Un mapa? ¿Porque?
- Es que me acabo de perder en tus ojos.
De nuevo sacudió la cabeza. Era imposible que el pudiera decir algo así y que a ella le pareciera gracioso. "Ella". Ella se acercaba, con una sonrisa blanca enmarcada en carmín y unos ojos chispeantes y jubilosos, se acercaba decidida y despreocupadamente, mientras el sudaba ante la posibilidad de un efímero encuentro con ella. ¿Cómo era posible que no pudiera entablar una conversación coherente, si en sueños había ideado mil conversaciones distintas?
- Hola, perdí mi teléfono, ¿me das el tuyo?
Pensaba y pensaba y no se le ocurría nada interesante que decir. ¿Hola?¿Cómo estás?¿Mi nombre es...?¿Cómo te llamas? Nada era suficiente. El tiempo se agotaba, ella seguía caminando hacia él, 20 segundos, 10, 9, 8...
- Hola
- Emm ¿hola?
- Mucho gusto, me llamo Ángel.
- ¡Que coincidencia! Yo soy Ángela, mucho gusto.
- Debes estar bromeando.
- No, en serio me llamo Ángela.
- Entonces tus padres no fallaron, porque eres todo lo que tu nombre sugiere.
- jajaja... Muchas gracias...
No, era inútil. Las posibilidades de que eso ocurrieran eran ínfimas, ¡nulas! Ella aún avanzaba hacia él. El la vio. Ella era como un ángel descendiendo del cielo, caminando sin tocar el suelo. Se acercó lo suficiente y lo miró de frente con sus ojos grandes y traviesos, la sonrisa en sus labios exclamó:
- Con permiso.
El se movió sin decir palabra y la dejó pasar. ¡Lo había soñado tantas veces! Sus sueños se hicieron realidad: Ella caminó, el imaginó, ella llegó, el calló... Ella se fue. Como en todos sus sueños.

3/21 - Hasta mañana

miércoles, 1 de julio de 2009

La ¿bella? indiferencia

Inspirado en: La belle indifférence (uno). del Señor R.

Lo vi entrar como tantas otras mañanas, bajar de su carro, estacionado frente a las puertas de vidrio que me separan de la realidad. Lo vi como siempre, caminando airosamente, con un aire frívolo y sensato, esperando en la fila, para llegar justo frente a mi. Sabia cual sería su orden, me la había aprendido desde la primera vez que lo vi entrar, la primera vez que sus ojos se cruzaron con los míos sin verlos fijamente, la primera vez que escribí: café americano grande con leche entera. Repasaba mentalmente el pedido, apuntaba su nombre en el vaso y retenía mis ganas de escribirle también mi número telefónico.. por políticas de la empresa.

Ese día todo fue diferente, entró con una camisa azul celeste que combinaba perfecto con sus ojos, esos espejos etéreos en los que deseaba reflejarme eternamente. Su rostro lucía diferente, había afeitado la barba que había lucido durante semanas, se veía radiante e incluso mas joven, llamaba más la atención, mi atención. Caminó de frente como de costumbre, perdiendo la vista entre las personas que estaban a su alrededor, buscando una excusa, un pretexto, un ideal. Llegó hasta mi y repitió las palabras de siempre: buenos días, café americano grande con leche entera, Ignacio; y yo, con una sonrisa estúpida, le agradecí la compra, sin embargo esta vez, me decidí a hacer lo que tantas noches imaginé en mis sueños: anoté mi nombre y mi número, el se retiró de mi vista mientras un nuevo cliente me dictaba una nueva orden.

Minutos, segundos o quizá instantes después escuché su voz nuevamente... nunca había oído otra palabra salir de su boca, pero esta vez lo escuché decir: ¡Diablos, no!. Dirigí mi vista hacia él, todo se paralizó, la gente a su alrededor lo miraba atento, como un bicho raro en medio de un laboratorio científico, sobre su camisa había una mancha café. Arrojó el vaso que incluía mis esperanzas de volverlo a ver a la basura, le pidió servilletas a uno de mis compañeros, agachó la cabeza hacia la mancha marrón y desapareció hacia el baño del local que volvió a la vida después de ese pequeño incidente.

No podía dejar de pensar en él, en los días, meses y años que había tardado en decidir escribirle sobre mí y cómo en segundos la información cayó en el cubo de basura junto con el resto de los desperdicios. Salió del baño. con la cara avergonzada y una mancha en su pecho, seca. Me armé de valor, salí de la barra en la que año tras año me oculté para verlo, pero desde donde nunca podría acariciarlo. Me acerque a él y traté de ponerme en su camino, pero una mujer que salía del tocador se interpuso entre nosotros, el la miró y la siguió, como un perro que sigue a su amo, iba detrás hacia la salida sin que ella lo notara, sin que se diera cuenta de su presencia, ambos salieron, uno detrás del otro, hasta desaparecer por la calle, hacia los lados que las puertas de cristal no cubren, y yo me quedé ahí, de pie, en medio del camino que no debí haber iniciado, recordando mi lugar detrás de la barra.

Volverá lo sé, al día siguiente, a la misma hora, pidiendo nuevamente la misma bebida, con la misma sonrisa y su misma mirada, como de costumbre, perdiendo la vista entre las personas que estarán a su alrededor, buscando una excusa, un pretexto, un ideal... pero yo, la de siempre, no estaré detrás del mostrador.

martes, 21 de abril de 2009

Un año después

Abrió los ojos, ya era tarde, pero su primer pensamiento no se dirigió hacia el reloj que sonaba sobre el buró. Abrió los ojos y casi inmediatamente quiso volver a cerrarlos, había vuelto a ver esa sonrisa que cautivaba, esos ojos que reflejaban en paz y tranquilidad: una calma total. Su pensamiento se había dirigido a ella.
Hacía exactamente un año que la había visto por última vez y aunque las fotografías le mostraban su rostro como aún lo recordaba, nunca volvería a verlo de frente, y lo sabía.
Volvió a abrir los ojos, esta vez con pesadumbre, con dolor. Le esperaba el camino que no quería tomar y éste comenzaba poniendo el primer pie bajo la cama. Se levantó y caminó directamente al baño, se lavó la cara y ahí estaba de nuevo ese repentino pensamiento que le punzaba. La quería, siempre la quiso y lloró su partida cuando tuvo que irse, pero hacía exactamente un año desde que se fue y no había vuelto a pensar en ella por… ¿4? ¿7? ¿11? Meses, no sabía cuando la extrañó por última vez, pero sabía que ese día, se cumplía un año de su ausencia. Lo sabía pues recordaba la fecha como quien recuerda momentos felices, como quien recupera parte de su vida. Recordaba ese día porque fue cuando la perdió.
Se preparó, debía tomar un camión y volver a ese lugar, el lugar del adiós. Caminaba pausadamente, como si esperara que el tiempo avanzara más rápido sin tener que moverse. Un paso siguió al otro y cuando se dio cuenta había comprado el boleto, se había subido al autobús y estaba leyendo el libro más grueso que había leído en su vida, tratando de huir de lo que le esperaba.
Tres horas y quince minutos después tuvo que bajar del autobús, un taxi esperaba afuera ansioso de encontrar un pasajero, así que lo tomó... aún le faltaba tiempo para llegar a su destino, por lo que volvió a tomar el libro, pero antes de enfocar su mente en las letras impresas en las páginas que sostenía, volvió a pensar en ella. Era inevitable hacerlo, estuvo tanto tiempo a su lado y de repente, sin decir nada, solo partió. Recordó su cabello, completamente rizado, recordó su voz, dulce, amorosa. Y ahí estaba de nuevo su mirada, sus ojos, el brillo que alguna vez le transmitió una felicidad que irradiaba.
Sacudió la cabeza y no se permitió volver a pensar, no quería, retomó la lectura, una historia de terror se cimbraba entre las páginas, una historia de terror menos intensa que la que esperaba vivir al llegar.
El taxi comenzó a avanzar lentamente cuando el tipo de pavimento cambió, lo notó sin levantar la vista, quería hundirse, ahogarse, quedarse ahí, sin afrontar. Había pasada un año, desde la última vez que se refugió en sus brazos, que le dio un beso, que había disfrutado su presencia. Un año. El pasar del tiempo comenzó a cimbrar sin que pudiera evitarlo.
Llegó. Entró y dijo “buenas tardes” como la costumbre dictaba, no esperaba recibir respuesta y no la obtuvo. La casa seguía vacía, dejó sus cosas, su libro y su bolsa. Dejó todo. Salió con decisión, con cautela. Caminó. Recorrió las mismas casas por las que había pasado lentamente el año anterior, esta vez no seguía a nadie. A lo lejos se veían las puertas abiertas, como es imaginado el cielo de quienes mueren. Siguió adelante. Conocía bien el lugar, a pesar de haber estado solo una vez ahí. Muchos otros estaban ahí también, rodeándola en el aire. Por fin se detuvo. Se arrodilló.
Estaba frente a su pasado. Ahí estaba, nuevamente con ella. Ninguna de las dos se movía. Una inerte dentro de una caja enterrada a seis metros bajo tierra, la otra hincada frente a la tumba sin poder decir palabra. Hacía un año que no se encontraba con ella. El epitafio rezaba “Con amor, de los que no te olvidaremos”. Y ella la había olvidado. Su cuerpo se estremeció. No lloró. De sus labios no salió un te quiero, no rezó ninguna oración. El suspiro que acompañó el silencio solo decía “abue... te extraño.”

domingo, 15 de marzo de 2009

Incondicional - parte 4

Estaba de pie, alguien se sostenía de su brazo. Ambos sonreían felizmente. Caminaron hacia la puerta principal y pasaron al lado de aquella incondicional que sonreía sentada desde su sitio en la banca. Él le brindó una mirada de cariño y ella respondió con una leve sonrisa dibujada en su rostro. Cuando se hubieron alejado lo suficiente, ella se puso de pie. Sonrió y un par de gotas cayeron al suelo. Había dicho adiós sin decir palabra. Había aceptado todo.
No había sido capaz de dejar lo que tenía y lo que era por lo que quería y ahora debía aceptarlo, hizo lo único que podía hacer. Sacudió la cabeza y miró de frente. Una triste sonrisa iluminó la iglesia donde él salía con otra mujer del brazo.

sábado, 14 de marzo de 2009

Incondicional - parte 3

- ¡Hoy es el gran día! ¡El inicio de una nueva aventura!, esa que decidiste aceptar – entró al dormitorio y se sentó en una esquina de la cama
- Cierto, aún no termino de entender porque lo hice – contestó mientras se anudaba la corbata.
- Tal vez, es lo que deseas – y al decirlo se mordió el labio – Sólo espero que seas feliz.
- Lo soy – se acercó a ella, se agachó en la orilla de la cama, la tomó de los hombros y la miró a los ojos, ella tembló – no sabes lo importante que eres para mi, te lo agradezco – y le dio un beso en la frente-
Ella cerró los ojos, sabía que esa era la despedida. En un momento se imaginó besando sus labios, imaginó que se quedaba, que no había un mundo afuera que los esperaba, pero solo fue un momento; al abrir los ojos lo único que hizo fue sonreír.
- Tienes que darte prisa, no te van a esperar por siempre. Además, debo conseguir quien quiera rentar tu habitación.
- Nunca encontrarás un compañero como yo.
Ella afirmó con sinceridad, lo miró a los ojos y suspiró, lanzando su respuesta al aire.
- Nunca.

viernes, 13 de marzo de 2009

Incondicional - parte 2

- ¿Te vas a ir?
- No puedo quedarme.
- Lo sé, pero no esperaba que fuera tan pronto.
- El tiempo vuela, parece que ayer estabas felicitándome por la decisión y ahora te entristeces porque me voy.
- ¿Esperaba que estuviera contenta porque me abandonas?
- No, pero esperaba que intentaras compartir mi felicidad.
- Lo hago, porque sé que será difícil empezar de cero, conocerás nuevas personas, vivirás en un nuevo lugar, ya no serás una persona cualquiera; ahora serás importante. ¿Quién habría pensado que te pasaría esto a ti?
Las carcajadas de él inundaron la habitación.
- Tienes razón, es demasiado bueno para ser verdad y aunque no sé que venga después, quiero que sigas a mi lado.
El giró a guardar las últimas camisas a su maleta, ella trató de evitar que una lágrima rodara por su mejilla
- Te lo prometo

jueves, 12 de marzo de 2009

Incondicional - parte 1

- ¡Felicidades¡ - dijo al entrar a la habitación. Él sonrió.
- Gracias, ¿te lo dijo ella?
- Claro, a fin de cuentas, será tu nuevo jefe.
Ambos rieron, como ríen quienes por dentro aún son niños traviesos.
- ¿Sabes? Tengo miedo – y era cierto, la inseguridad de su indecisión lo acosaba.
- No debes preocuparte, tomaste la decisión, todo lo que viene será nuevo y debes disfrutarlo.
- Pero, tendré que dejar todo lo que tengo.
- Así es la vida, cuando decides comenzar una nueva aventura debes dejarlo todo, lo que tienes y lo que eres, para obtener lo que quieres.
- ¿Y si no fuera lo que quiero?
Ella guardó silencio, no sabía qué contestar, lo miró a los ojos, sonrió y se abalanzó sobre sus hombros.
- Si te equivocas, siempre estaré ahí contigo.
No dijeron más y se fundieron en un abrazo, como aquellos que se dan, después de no haber visto en años a ese mejor amigo.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

nomas

Drr

Es raro decir todo lo que quieres decir y aun así quedarte con ganas de decir algo mas, tener la sensación de que lo que dijiste no era todo... es raro sentirme así .. nunca me había parado frente a alguien y pedirle que no pensara, decirle a la cara que el futuro no importa y que lo que vale es el hoy... nunca había sentido la necesidad de decir lo que quiero sin importarme lo que el otro quiere...

Es cruel tener ganas de decirle a alguien qué sientes y quedarte parada, en silencio, diciéndole adiós, pero resulta más doloroso decirle a ese alguien todo lo que sientes y quedarte parada, en silencio, mientras te dice adiós...

y después saber que nada o todo lo dicho tuvo efecto...

jueves, 3 de mayo de 2007

El y ella

LRG

Él tomó sus manos entre las suyas, las recorrió suavemente y susurró una palabra tierna en su oído, ella se sonrojó, quería que ese momento no terminara nunca, eran las 2 de la mañana de un día cualquiera a principios de mayo, la fecha no importaba, ella temblaba de frío mientras él moría de calor...
Él llegó a buscarla, tenían que hablar, habían prolongado ese encuentro por mucho tiempo hasta que fue inevitable, ella lo miraba con esperanza mientras él la miraba con incertidumbre, ella sabía lo que quería pero él no, ella esperaba que ciertas palabras salieran de su boca pero él nunca pensó decirlas…
Él se acercó a ella, la abrazó contra su pecho y ella no se pudo resistir, él apretó sus manos contra la espalda de ella para no dejarla ir pero sin querer retenerla a su lado, ella sólo cerró los ojos…
Sus labios se tocaron, no era la primera vez que sucedía, pero fue la primera vez que él tomó la iniciativa, fue cuestión de segundos que a ella le parecieron horas, ella lo abrazó después mientras él la contemplaba…
Ella no podía creer lo sucedido, había esperado ese momento, pero el aún no estaba decidido, ella estaba interesada en él, pero el no estaba interesado en ella, él se lo dijo, de los ojos de ella no salió ninguna lágrima pero su corazón se rompió en pedazos cuando lo escuchó aunque su boca sonrió para ocultarlo…
Él le pidió perdón, ella no necesitaba perdonarlo, él era importante para ella, pero entendió que no le pertenecería jamás, él la quería, se le veía en los ojos, pero estaba demasiado confundido para buscar algo más, ella lo entendió perfectamente…
Él se puso de pie, se despidió de una manera diferente y se fue, ella se quedó en la escalera viéndolo partir, él era él… pero ella era yo.

Duelo y despedida...

Cada despedida es diferente.  Decir adiós es más fácil cuando sabes que el hola de nuevo vendrá pronto, cuando la esperanza de volverse a ve...