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miércoles, 21 de enero de 2026

Duelo y despedida...

Cada despedida es diferente.  Decir adiós es más fácil cuando sabes que el hola de nuevo vendrá pronto, cuando la esperanza de volverse a ver sigue presente, cuando un hasta pronto no se convierte en un hasta nunca.

Cada una de mis despedidas permanentes ha dolido, ha dejado un hueco en mi corazón que he llenado de recuerdos, que he cubierto con abrazos y tapiado con textos dedicados a los que ya no están.  Cada adiós definitivo me ha empapado y me ha movido, su sacudida no me dejó estática.  La reunión de seres queridos, también dolientes, algunos ausentes o dependientes, incapaces de ver qué viene después de este “se acabó”, no me deja quedarme quieta, siempre hay algo qué hacer, buscar flores, hacer un pago o resurtir el café.  Tal vez alguna pérdida me convierta en uno de ellos, cuando el dolor me incapacite y me robe las palabras, cuando la persona despedida sea más cercana, más querida, más amada.

Cada adiós, es distinto, algunos con palabras, con silencios o con lágrimas.  Algunos rodeada de personas, algunos en total soledad, con un teclado y una pantalla. Algunos adioses acompañados de oración, de peticiones al cielo, de esperanzas de vida eterna y un rosario por su alma (y las otras ánimas benditas del purgatorio).

Cada ser querido al que he despedido, cada persona que se ha ido, cada inevitable impermanencia ha estado marcada por la distancia, por el tiempo, por el deber.  Ellas despidiéndose por anticipado, él sin decir nada.  Ellas en mis años conscientes, él, en lo inconsciente de mi niñez.  Cada adiós, cada despedida, cada dolor, cada

Me llevo de todos lo que me han dejado, lo que nos ha unido y lo que me ha marcado: un ángel guardián, el sentido del humor y de reacción, la misma profesión y un aroma que hoy día, sigue vigente.  Porque lo que me quedo no es un suéter, un perfume o unas sandalias, es la compañía que arropa, la esencia que perdura y los caminos que iniciaron. Gracias, por el tramo recorrido, me toca seguir avanzando. 

miércoles, 17 de junio de 2020

Señora mamá

17/06/20

Esta nota es para pedirle un favor: acérquese a su hijo.  Es un niño atento muy curioso, se la pasa preguntando todo: ¿Qué son los yacimientos? ¿Dónde está Europa? ¿Cuáles son las nubes de lluvia?  Y generalmente puedo responderle todo, puedo darle ejemplos y puedo contarle historias sobre muchas cosas, mitos, leyendas, cuentos, poemas o canciones.  Pero hay ciertas cuestiones que no puedo responder, es decir, ¿qué se le responde a un niño de 10 años que se pregunta por qué su mamá lo bloqueó de Whatsapp? ¿Qué le digo a un hijo que dice “mi mamá no me quiere ver”? ¿Qué se le contesta a un pequeño cuando llora porque su mamá le dice “adiós, ya no volverás a saber de mí”?

Por favor, señora mamá, tómese en serio su rol.  Yo solo soy una herramienta de crecimiento, su maestra, su amiga, su mentora… usted es su madre.  El acompañamiento emocional debe ser suyo, no mío, yo me encargo de lo demás.  Yo puedo prometerle que no le va a faltar nada, usted no se preocupe por lo que él va a comer o lo que va a vestir o cómo se va a divertir, no se preocupe por sus operaciones matemáticas ni por su ortografía, no se preocupe tampoco por si duerme o juega o aprende, sus horarios no son importantes, usted escríbale a cualquier hora, en cualquier momento, tiene permitido distraerlo de sus deberes (aunque no sea lo mejor) preferimos eso que su eterno silencio.

Señora mamá, de verdad… preocúpese por él.  Pregúntele si ya sabe fracciones, si sabe ubicar a México en un mapa o si sabe cómo se descompone la comida.  ¿Sabía que está aprendiendo inglés? ¿Sabía que está tomando un curso para jóvenes influencers? ¿Sabía que ya se come las verduras sin reclamos?  Pregúntele por las respiraciones profundas y qué es Atención plena, pregúntele si quiere estar en un curso de verano y de qué trataría.  No tema, él pregunta todo y a cada rato, podría empezar a preguntar usted también.

Por favor, señora mamá, interésese, acérquese a su hijo, escríbale, háblele… pero solo dígale cosas buenas, no le diga que va a estar mejor sin usted porque ningún hijo quiere escuchar eso; no le diga que algún día lo entenderá porque ningún niño entiende eso; no le diga que ya tiene otra familia, que ya se consiguió nueva mamá, que ya no la necesita a usted porque siempre, cualquier niño va a necesitar a su madre.

Por favor, señora mamá, hágalo hoy… mañana podrá ser muy tarde. 

lunes, 7 de mayo de 2018

A manera de despedida...

Te deseo éxito. De ese que se logra con mucho esfuerzo y dedicación, intentando una y otra vez y mil veces más; probando distintas formas de hacer las cosas, aprendiendo, descubriendo, innovando, cambiando el mundo. 

Te deseo dificultades.  De esas que te retan y te sacan de la zona de confort, de las que te sacuden para sacar lo mejor de ti. De las que te hagan detenerte, pensar, reintentar y sobreponerte.  De las que te obliguen a pensar diferente, actuar diferente, amar diferente. 

Te deseo pasión.  De esa que te llena de energía aunque no hayas dormido, de la que te renueva las ganas y el ímpetu y te impulsa sin necesitar café o chocolate (o pizza), de la que se renueva día a dpia porque lo que haces te llena de satisfacción. 

Te deseo fracasos. De esos que te dan lecciones que se repiten si no las aprendes.  De los que te enseñan que nada es perfecto.  FRacasos que te ubiquen y te centren, que te obliguen a tomar vuelo para aprender a volar. 

Te deseo felicidad.  De esa que se comparte con los seres que amas, de la que se logra en equipo, de la que verdaderamente importa.  De la que no se alcanza en un día sino en un largo proceso, de la que se forja poco a poco, casi sin darte cuenta. 

Te deseo suficiente. Que nada te haga falta y que nada te sobre, que siempre tengas para dar y que siempre puedas recibir: amor, persistencia, satisfacción, tiempo, dedicación... alegrías y tristezas. 

Te deseo un buen viaje.  Disfruta del camino hasta tu próxima estación. 

Ana Itza =) 

jueves, 19 de diciembre de 2013

La depresión es para pobres...

Tú no puedes estar deprimido, eso déjaselo a aquellos que no tienen todo lo que tú, quienes no tienen un pan que llevarse a la boca, aquellos que no tienen un techo que los cubra del frío, aquellos que se encuentran solos en el mundo, que perdieron a su familia o que dejaron que su familia los perdiera.  Tú no puedes estar deprimido, me lees bien, tú no.  Déjale la depresión a quienes no tienen un trabajo que los entretenga o mantenga, aquellos que no tienen personas que se preocupen por ellos, a quienes no conocen la fortuna de un elogio o de un "buenos días".

Tú no DEBES estar deprimido, tú que tienes amigos, que tienes planes que cumplir, que tienes talento o potencial; tú que eres querido y respetado. Tú no, porque tienes una vida que vivir, expectativas que cumplir, cosas que hacer y un perro que alimentar.

Tú no PUEDES estar deprimido, porque puedes observar las maravillas de la naturaleza, porque no tienes ningún impedimento físico, porque todo en tu cuerpo funciona perfectamente, porque tus ojos pueden ver, tus oídos oír, tus pies caminar y tu boca sonreír.

Tú NO, entiende, NO DEBES estar deprimido, porque no te corresponde, no es tu papel.  Tú tienes todo lo que otros desearían, tú que ya tuviste una carrera e incluso una maestría, tú que creciste con sueños e ilusiones que no fueron pisoteadas por la realidad.  Tú que no tienes hijos,  que puedes viajar, darte tus gustos, tú que puedes disfrutar la vida, no puedes, ni debes estar deprimido.

No.  Todos menos tú. ¿Cuántas personas desearían estar en tu lugar, sufriendo por lo que sufres tú y no por sus propios problemas? Deja de autocompadecerte, tus problemas no son problemas, no son lo suficientemente grandes, no importa que nadie sepa cuáles son.

Así que, déjales la depresión a los pobres, los desvalidos, los otros, por que tú... tú no puedes ni debes tener depresión.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Odio

Mis vecinas se odian.  Tienen un conflicto desde hace años, tan antiguo que estoy segura ninguna sabe cómo empezó.  Viven a dos casas de mi casa, una a cada lado y yo, en medio.  Mis vecinas se odian y sus desacuerdos crean conflictos entre vecinos, entre amigos, en la colonia.  Ha provocado peleas, discusiones, y hasta que la policía me visitara, a mí, cuya única participación es vivir justo en medio.

Mis vecinas se odian y sus hijos se odian.  No soportan verse cara a cara sin discutir, sin terminar en pleito.  Mis vecinas se odian y sus hijos se odian por ello, por un conflicto que no es suyo pero que lo hicieron propio. Se odian, de tal forma, que a veces no sale una si afuera está la otra.

Mis vecinas se odian y sus hijos se odian, pero sus nietos no se odian, no aún, porque ellos no conocen el odio.  Ellos aún no saben qué pasa, no entienden por qué no pueden acariciar al perro de la otra casa o por qué no los invitan a la otra fiesta, por qué no pueden jugar con ellos.

No, ellos no entienden, ellos no saben, ellos no odian.  Pero odiarán, y continuarán el conflicto que iniciaron las abuelas, que los lleva a decir "no, ahí no puedes jugar", "nos van a regañar si vas para allá".  Los nietos no tienen odio, no tienen culpa, no tienen idea.

Mis vecinas se odian y lo que me preocupa son sus nietos, los niños que pronto van a crecer y que se van a ver con prejuicios que no les corresponden, con los conflictos de sus padres y sus abuelas, porque les heredarán rencores y odios, a ellos cuya única culpa es no entender qué pasa.

Mis vecinas se odian, eso no me preocupa.  Me preocupa estar ahí el día en que sus nietos comiencen a odiarse, porque sabré que habrá una generación más de odio, de disputas, de poco entendimientos, de peleas, de gritos y de inconformidades sin razón, sin por qués, sin más razón que el odio por odio.

Mis vecinas se odian, sus hijos se odian, sus nietos de odiarán... y nadie parece hacer nada al respecto.




martes, 24 de junio de 2008

Me cae bien.. ¡pero no lo conozco!

Desde hace tiempo he estado pensando en eso.. a veces veo gente y pienso en lo simpática que es o lo interesante que debe ser platicar con ese alguien desconocido a quien solo he visto una vez en mi vida...Pero me pasa muy seguido.. veo pasar a las personas que van felices, que llevan una sonrisa, que tienen un rostro amable, que tienen una dulce voz... y pienso (aunque no parezca).. me quedo ida imaginando cómo sería compartir con ellos algo más que un "buenas tardes".

Y es que mi "me cae bien, pero nunca he hablado con él" es más frecuente incluso de lo que yo quisiera... a veces no me atrevo ni a dirigirles la palabra.. solo observo.

Ver a la gente es muy ilustrativo.. aprendes.. yo aprendo.. cada persona puede influir en ti y tu puedes influir en aquellos que ni sabías que existían.. porque para mi, un gesto amable me dirá mucho más que el saber su nombre, porque una mirada tierna te permite ver más allá, porque una sonrisa puede alegrar un día...

Por eso es que hay muchas personas que me caen bien... aunque no la conozco.

Duelo y despedida...

Cada despedida es diferente.  Decir adiós es más fácil cuando sabes que el hola de nuevo vendrá pronto, cuando la esperanza de volverse a ve...