Estoy consciente de las repercusiones políticas, económicas
y sociales que se suscitarían en el país si esto se llevara a cabo pero,
aceptémoslo, no se va a dar. Peña Nieto
no va a renunciar, el partido en el poder no lo va a permitir, la clase
política no lo va a permitir, la sociedad económica de “nuestro país” no lo va
a permitir, todos aquellos que buscan alguna tajada, algún favor o esperan un
beneficio no lo van a permitir.
Pero el hecho de que no vaya a suceder no me impide
expresarlo, no me impide desearlo, quererlo, pedirlo, exigirlo. Esta petición es quizá la única que pueda
unirnos en una sola intención: Demostrar que no estamos conformes con nuestro
gobierno, con nuestro representante, con el títere de los poderosos.
Pero, ¿para qué hacer algo si no va a pasar nada? Claro, somos mexicanos. En este país acostumbrado a no mover un dedo
si no obtenemos beneficio, ¿para qué exigir? Es el mismo pretexto para
todos nuestros males: ¿Para qué presentar una denuncia si sólo me van a dar
largas y no se va a resolver nada? ¿Para qué pedir un reembolso de los daños
del bache si me va a costar más tiempo que dinero? ¿Para qué …? ¿Para qué?
Para que se den cuenta que no estamos conformes, para que
la verdadera realidad sea notada, contada y cuantificada en nuestro
país. Porque aún es nuestro. Porque todos somos responsables. Porque es
cierto que para cambiar el mundo debo cambiar yo primero. pero eso incluye el poder
exigir mis derechos, entre ellos el derecho a la vida y la
seguridad, dos derechos que no están siendo tutelados por el Estado. Exigir no es levantarse en armas, no es
aventar bombas molotov ni incendiar puertas en palacios nacionales. Exigir es pedirle a las autoridades que
realicen su trabajo como deben, exigir respeto y respetar, cumplir con nuestras
obligaciones. Exigir es no cansarnos hasta
tener justicia, para todos. Porque todos
somos Tlatelolco, todos somos Acteal, todos somos ABC, Aguas blancas, Atenco, Ciudad Juárez, Tierra Caliente... Todos somos México.
Por lo tanto pido, exijo y solicito la renuncia del “líder” (sí, así entre
comillas) de nuestro país, del “representante” del Pueblo. Exijo que renuncie, ¿a qué? a los lujos, a
los excesos, a los conflictos de intereses, a los compadrazgos, al encubrimiento, al nepotismo, al poder…
aunque no renuncie al título.