Cuando tenía 15 años, mi papá me mandó una carta en la que escribía la siguiente cita:
Cuando nos va bien, nos va mal... porque el gozo es olvido.
Cuando nos va mal, nos va bien... porque el llanto es semilla.
Ese retruécano me sacudió, pero no lo entendí. Ha sido a través de los años que me ha quedado claro cómo funciona: no significa que solo aquello que es fruto de un sacrificio será permanente, pero sí que el sudor, el dolor y el esfuerzo podrán sembrarse para obtener realmente resultados fructíferos.
No es que disfrutar de algo lo convierta en banal o insustancial, al contrario. Disfrutarlo, gozarlo momentáneamente y no darle su lugar, hará que pase desapercibido por nosotros y por ende, para todos los demás.
Por ello es importante que nos vaya bien yéndonos mal y nos vaya un poquito mal cuando nos vaya bien, porque no todo es blanco, negro o gris... todo depende del matiz, busca y aprende a distinguir (gracias Mago de Oz); porque el justo medio es importante para no dejar pasar aquello que nos haga crecer y no minimizar los logros por más pequeños que sean.
Porque el gozo es olvido, el llanto es semilla... y vivir es disfrutar y recolectar.
