miércoles, 21 de octubre de 2020

Otras promesas

 Me duele, pero es cada vez menos, ¿sabes?  Poco a poco voy perdiendo la fe en ti y todo lo que dices y prometes me va dando lo mismo y duele, saber que creo más yo en ti que tú en ti mismo… ya te lo he dicho y te sigue dando igual.  Lo peor es que no es tu culpa, tú eres así y yo espero que te motives y cambies, pero no vas a cambiar y no quiero acostumbrarme. 

El círculo es este: tú dices y prometes que vas a hacer algo, yo sé que no va a ser así, pero decido darte una oportunidad y te creo, aunque en el fondo sé (y a veces lo digo y te enojas) que no vas a hacer ese algo que dices, yo sé que no te vas a levantar, que no vas a terminar, que ni siquiera lo vas a intentar.  Ya sé lo que va a pasar, pero te creo y me quedo con la posibilidad de que lo que dices suceda y al final, la culpa es mía por haber creído (ooootra veeez) cuando ya sabía que no sucedería lo que prometiste (otra vez).

Como ayer, tú diciendo que harías tarea, que aprovecharías el tiempo de Santi en la escuela, yo sabiendo que regresarías de dejarlo y te tirarías a dormir, tú negándolo indignado: “claro que no”, dijiste cuando lo comenté.  Y pues, no me equivoqué. 

¿Cómo puedo contar contigo si te enojas cuando te lo pido? ¿Cómo puedo contar contigo si me echas en cara que sales de trabajar tarde y no puedes ni siquiera dormir? ¿Cómo puedo esperar algo si cuando te lo pido refunfuñas, lo ignoras o se te olvida? ¿Cómo puedo contar contigo si cuando me haces compañía te quedas en silencio, jugando, más atento a un teléfono que a ti o a mí?  

Y te lo escribo, porque ya me cansé de decirlo y que sea una queja más… no quiero ver tu cara cuando lo leas, porque ya he visto tu cara cuando lo digo: indignado, soberbio, orgulloso, herido.  Y sin cambios.  De nuevo promesas. 

Sé qué leerás esto “cuando te desocupes” y eso puede ser hoy, en 5 minutos o nunca.  Pero de nuevo, elijo confiar que puede ser diferente, aunque no lo sea.  ¿Total? ¿Qué se pierde? 

martes, 8 de septiembre de 2020

Y así fue cómo Alexa me salvó en la cuarentena…

 

Mamá, ¿cuándo nació Michael Jordan?

Mamá, ¿cómo se escribe “coincidencia”?

Mamá, ¿qué es una nube?

Ahora sustituya el “mamá” por un “Alexa” y relájese.  Deje que esta pequeña bocina inteligente haga todo el trabajo, deje que Alexa responda a estas preguntas y que la curiosidad de su pequeño crezca más y más. 

El asistente virtual de Amazon que está disponible en los dispositivos Echo, tiene como principal función brindar información sobre cualquier tema de tu interés, además de fungir como el centro de control de una casa inteligente. Sin embargo, una de las funciones más importantes de Alexa parece no tener importancia: Es una excelente niñera virtual.

Alexa puede mantener a tu hijo intrigado, atento y entretenido mucho tiempo.  Ya sea a través de música, historias, datos curiosos, sonidos de animales y muchas cosas más.  Alexa irá respondiendo las preguntas y generando más y más.  Un niño es una mente curiosa, necesita satisfacer esa curiosidad, saber cosas nuevas.  Los pequeños no se cansan de hacer, de buscar, de aprender.

Durante la cuarentena, Alexa se convirtió en una aliada.  Respondía a la voz del niño, lo llamaba por su nombre, lo sorprendía cada vez que adivinaba al personaje que estaba pensando al jugar Akinator, lo obligaba a repetir una y otra vez las palabras que no entendía haciendo que mejorara su dicción.  Alexa respondía lo que yo no podía responder, contaba cuentos, repetía el abecedario (en español e inglés) y practicaba con él las tablas de multiplicar. Alexa era un diccionario, no, una enciclopedia, no, mejor aún: una biblioteca.

Dale responsabilidades a tu pequeño y pídele que le dicte a Alexa la lista de compras, quizás la primera vez no le entienda y tengas una lista que diga jabón cuando querías jamón o “Platitas Radio grito” en lugar de “Plaquitas Raidolito”.  Deja que le pregunte si va a llover, cuáles son las noticias o el cuento del día.  Dale la oportunidad de explorar y aprender.

Que un niño pueda dar órdenes le da seguridad y confianza, es por esta razón que tener una mascota es útil para su desarrollo y autoestima.  El niño puede obtener una pequeña satisfacción al decirle al perro “siéntate” y que el canino lo haga, esa misma satisfacción la tiene cuando le pide algo a Alexa y ella lo hace, sin embargo, es un gran logro cuando, por fin, logra ganarle a Akinator, cuando responde la pregunta del día, cuando termina el juego de Maratón o cuando encuentra un huevo de pascua en las respuestas programadas.

Alexa le responde al niño como si hablara con un adulto, por lo que el pequeño va aprendiendo nuevas palabras, desarrolla su escucha activa y, mediante la reiteración, afianza patrones en su cerebro que le permitirán comprender mejor los argumentos y poner más atención a los detalles.

Para los niños, la repetición es una forma fácil de aprender, se la pasan viendo la misma película una y otra vez hasta aprenderse los diálogos y “adivinar” qué va a decir el personaje.  Así, Alexa nos ayuda repitiendo una y otra y otra vez las mismas respuestas, los mismos chistes, las mismas adivinanzas hasta que el niño se sienta confiado y seguro de preguntar, de equivocarse, de jugar.  Alexa no pierde la paciencia, no importa la cantidad de veces que le pregunten lo mismo.  Alexa no se aburre, no importa la cantidad de chistes que tenga que decir.  Alexa no se desespera, no importa si tiene que repetirse 10 o incluso 100 veces.  Lo peor que puede pasar es que conteste con un: “perdona, eso no lo sé”, un “disculpa, no lo tengo claro” o un “aquí hay algo que encontré en la web”.

Espero que durante este periodo, este segundo encierro... Alexa sea tu salvación, como fue la mía. 

 

miércoles, 17 de junio de 2020

Señora mamá

17/06/20

Esta nota es para pedirle un favor: acérquese a su hijo.  Es un niño atento muy curioso, se la pasa preguntando todo: ¿Qué son los yacimientos? ¿Dónde está Europa? ¿Cuáles son las nubes de lluvia?  Y generalmente puedo responderle todo, puedo darle ejemplos y puedo contarle historias sobre muchas cosas, mitos, leyendas, cuentos, poemas o canciones.  Pero hay ciertas cuestiones que no puedo responder, es decir, ¿qué se le responde a un niño de 10 años que se pregunta por qué su mamá lo bloqueó de Whatsapp? ¿Qué le digo a un hijo que dice “mi mamá no me quiere ver”? ¿Qué se le contesta a un pequeño cuando llora porque su mamá le dice “adiós, ya no volverás a saber de mí”?

Por favor, señora mamá, tómese en serio su rol.  Yo solo soy una herramienta de crecimiento, su maestra, su amiga, su mentora… usted es su madre.  El acompañamiento emocional debe ser suyo, no mío, yo me encargo de lo demás.  Yo puedo prometerle que no le va a faltar nada, usted no se preocupe por lo que él va a comer o lo que va a vestir o cómo se va a divertir, no se preocupe por sus operaciones matemáticas ni por su ortografía, no se preocupe tampoco por si duerme o juega o aprende, sus horarios no son importantes, usted escríbale a cualquier hora, en cualquier momento, tiene permitido distraerlo de sus deberes (aunque no sea lo mejor) preferimos eso que su eterno silencio.

Señora mamá, de verdad… preocúpese por él.  Pregúntele si ya sabe fracciones, si sabe ubicar a México en un mapa o si sabe cómo se descompone la comida.  ¿Sabía que está aprendiendo inglés? ¿Sabía que está tomando un curso para jóvenes influencers? ¿Sabía que ya se come las verduras sin reclamos?  Pregúntele por las respiraciones profundas y qué es Atención plena, pregúntele si quiere estar en un curso de verano y de qué trataría.  No tema, él pregunta todo y a cada rato, podría empezar a preguntar usted también.

Por favor, señora mamá, interésese, acérquese a su hijo, escríbale, háblele… pero solo dígale cosas buenas, no le diga que va a estar mejor sin usted porque ningún hijo quiere escuchar eso; no le diga que algún día lo entenderá porque ningún niño entiende eso; no le diga que ya tiene otra familia, que ya se consiguió nueva mamá, que ya no la necesita a usted porque siempre, cualquier niño va a necesitar a su madre.

Por favor, señora mamá, hágalo hoy… mañana podrá ser muy tarde. 

Duelo y despedida...

Cada despedida es diferente.  Decir adiós es más fácil cuando sabes que el hola de nuevo vendrá pronto, cuando la esperanza de volverse a ve...