En fin, en cuanto cobre conciencia y control de mis decisiones, cambié las visitas regulares por cepillarme los dientes 3 veces al día, usar enjuague bucal e hilo dental a fin de evitar las dolorosas visitas al dentista. Pero no resultó como esperaba; aunque las muelas del juicio me salieron sin molestias ni dolor y aunque creía no necesitarlo, un día, en año nuevo, me decidí a regresar al dentista, hacer la revisión y todo lo demás. Durante 6 meses tuve visitas regulares en las que descubrí que tenía (a los 25 años) ¡un diente de leche! y hubiera seguido yendo porque Ale, mi dentista, me trataba con amor y cariño (más mil dosis de anestesia) sin embargo, huyó.. y se fue a su propio consultorio en el otro lado de la ciudad, lo suficientemente lejos como para no poder ir... y así fue.
Pero la historia de los dentistas no quedó ahí. Tenía una muela del juicio que necesitaba ser extraída, pero no tenía ganas de hacerlo.. así que lo postergué hasta que fue inevitable pues, un día de diciembre, en un pueblo perdido en la nada, disfrutaba de un excelso taco de birria con mucho limón cuando una semilla traviesa encontró en mi muela un espacio apacible para reposar y.. al morder, se incrustó en él haciendo un hueco muy doloroso para mí.. El ketorolaco fue mi salvación por unos días pero no podía resistirme más ante la necesidad de ir al dentista y que me sacara la muela, así que lo hice. Fui al dentista y durante la extracción, sufrí más que al morder la semilla. No hubo suficiente anestesia y se fue la luz a mitad del procedimiento. Al final.. me quedé con mi muelita en un lindo empaque de plástico.
Desde entonces, sigo evitándolos.
Pero la historia de los dentistas no quedó ahí. Tenía una muela del juicio que necesitaba ser extraída, pero no tenía ganas de hacerlo.. así que lo postergué hasta que fue inevitable pues, un día de diciembre, en un pueblo perdido en la nada, disfrutaba de un excelso taco de birria con mucho limón cuando una semilla traviesa encontró en mi muela un espacio apacible para reposar y.. al morder, se incrustó en él haciendo un hueco muy doloroso para mí.. El ketorolaco fue mi salvación por unos días pero no podía resistirme más ante la necesidad de ir al dentista y que me sacara la muela, así que lo hice. Fui al dentista y durante la extracción, sufrí más que al morder la semilla. No hubo suficiente anestesia y se fue la luz a mitad del procedimiento. Al final.. me quedé con mi muelita en un lindo empaque de plástico.
Desde entonces, sigo evitándolos.