Abrió los ojos, ya era tarde, pero su primer pensamiento no se dirigió hacia el reloj que sonaba sobre el buró. Abrió los ojos y casi inmediatamente quiso volver a cerrarlos, había vuelto a ver esa sonrisa que cautivaba, esos ojos que reflejaban en paz y tranquilidad: una calma total. Su pensamiento se había dirigido a ella.
Hacía exactamente un año que la había visto por última vez y aunque las fotografías le mostraban su rostro como aún lo recordaba, nunca volvería a verlo de frente, y lo sabía.
Volvió a abrir los ojos, esta vez con pesadumbre, con dolor. Le esperaba el camino que no quería tomar y éste comenzaba poniendo el primer pie bajo la cama. Se levantó y caminó directamente al baño, se lavó la cara y ahí estaba de nuevo ese repentino pensamiento que le punzaba. La quería, siempre la quiso y lloró su partida cuando tuvo que irse, pero hacía exactamente un año desde que se fue y no había vuelto a pensar en ella por… ¿4? ¿7? ¿11? Meses, no sabía cuando la extrañó por última vez, pero sabía que ese día, se cumplía un año de su ausencia. Lo sabía pues recordaba la fecha como quien recuerda momentos felices, como quien recupera parte de su vida. Recordaba ese día porque fue cuando la perdió.
Se preparó, debía tomar un camión y volver a ese lugar, el lugar del adiós. Caminaba pausadamente, como si esperara que el tiempo avanzara más rápido sin tener que moverse. Un paso siguió al otro y cuando se dio cuenta había comprado el boleto, se había subido al autobús y estaba leyendo el libro más grueso que había leído en su vida, tratando de huir de lo que le esperaba.
Tres horas y quince minutos después tuvo que bajar del autobús, un taxi esperaba afuera ansioso de encontrar un pasajero, así que lo tomó... aún le faltaba tiempo para llegar a su destino, por lo que volvió a tomar el libro, pero antes de enfocar su mente en las letras impresas en las páginas que sostenía, volvió a pensar en ella. Era inevitable hacerlo, estuvo tanto tiempo a su lado y de repente, sin decir nada, solo partió. Recordó su cabello, completamente rizado, recordó su voz, dulce, amorosa. Y ahí estaba de nuevo su mirada, sus ojos, el brillo que alguna vez le transmitió una felicidad que irradiaba.
Sacudió la cabeza y no se permitió volver a pensar, no quería, retomó la lectura, una historia de terror se cimbraba entre las páginas, una historia de terror menos intensa que la que esperaba vivir al llegar.
El taxi comenzó a avanzar lentamente cuando el tipo de pavimento cambió, lo notó sin levantar la vista, quería hundirse, ahogarse, quedarse ahí, sin afrontar. Había pasada un año, desde la última vez que se refugió en sus brazos, que le dio un beso, que había disfrutado su presencia. Un año. El pasar del tiempo comenzó a cimbrar sin que pudiera evitarlo.
Llegó. Entró y dijo “buenas tardes” como la costumbre dictaba, no esperaba recibir respuesta y no la obtuvo. La casa seguía vacía, dejó sus cosas, su libro y su bolsa. Dejó todo. Salió con decisión, con cautela. Caminó. Recorrió las mismas casas por las que había pasado lentamente el año anterior, esta vez no seguía a nadie. A lo lejos se veían las puertas abiertas, como es imaginado el cielo de quienes mueren. Siguió adelante. Conocía bien el lugar, a pesar de haber estado solo una vez ahí. Muchos otros estaban ahí también, rodeándola en el aire. Por fin se detuvo. Se arrodilló.
Estaba frente a su pasado. Ahí estaba, nuevamente con ella. Ninguna de las dos se movía. Una inerte dentro de una caja enterrada a seis metros bajo tierra, la otra hincada frente a la tumba sin poder decir palabra. Hacía un año que no se encontraba con ella. El epitafio rezaba “Con amor, de los que no te olvidaremos”. Y ella la había olvidado. Su cuerpo se estremeció. No lloró. De sus labios no salió un te quiero, no rezó ninguna oración. El suspiro que acompañó el silencio solo decía “abue... te extraño.”
Hacía exactamente un año que la había visto por última vez y aunque las fotografías le mostraban su rostro como aún lo recordaba, nunca volvería a verlo de frente, y lo sabía.
Volvió a abrir los ojos, esta vez con pesadumbre, con dolor. Le esperaba el camino que no quería tomar y éste comenzaba poniendo el primer pie bajo la cama. Se levantó y caminó directamente al baño, se lavó la cara y ahí estaba de nuevo ese repentino pensamiento que le punzaba. La quería, siempre la quiso y lloró su partida cuando tuvo que irse, pero hacía exactamente un año desde que se fue y no había vuelto a pensar en ella por… ¿4? ¿7? ¿11? Meses, no sabía cuando la extrañó por última vez, pero sabía que ese día, se cumplía un año de su ausencia. Lo sabía pues recordaba la fecha como quien recuerda momentos felices, como quien recupera parte de su vida. Recordaba ese día porque fue cuando la perdió.
Se preparó, debía tomar un camión y volver a ese lugar, el lugar del adiós. Caminaba pausadamente, como si esperara que el tiempo avanzara más rápido sin tener que moverse. Un paso siguió al otro y cuando se dio cuenta había comprado el boleto, se había subido al autobús y estaba leyendo el libro más grueso que había leído en su vida, tratando de huir de lo que le esperaba.
Tres horas y quince minutos después tuvo que bajar del autobús, un taxi esperaba afuera ansioso de encontrar un pasajero, así que lo tomó... aún le faltaba tiempo para llegar a su destino, por lo que volvió a tomar el libro, pero antes de enfocar su mente en las letras impresas en las páginas que sostenía, volvió a pensar en ella. Era inevitable hacerlo, estuvo tanto tiempo a su lado y de repente, sin decir nada, solo partió. Recordó su cabello, completamente rizado, recordó su voz, dulce, amorosa. Y ahí estaba de nuevo su mirada, sus ojos, el brillo que alguna vez le transmitió una felicidad que irradiaba.
Sacudió la cabeza y no se permitió volver a pensar, no quería, retomó la lectura, una historia de terror se cimbraba entre las páginas, una historia de terror menos intensa que la que esperaba vivir al llegar.
El taxi comenzó a avanzar lentamente cuando el tipo de pavimento cambió, lo notó sin levantar la vista, quería hundirse, ahogarse, quedarse ahí, sin afrontar. Había pasada un año, desde la última vez que se refugió en sus brazos, que le dio un beso, que había disfrutado su presencia. Un año. El pasar del tiempo comenzó a cimbrar sin que pudiera evitarlo.
Llegó. Entró y dijo “buenas tardes” como la costumbre dictaba, no esperaba recibir respuesta y no la obtuvo. La casa seguía vacía, dejó sus cosas, su libro y su bolsa. Dejó todo. Salió con decisión, con cautela. Caminó. Recorrió las mismas casas por las que había pasado lentamente el año anterior, esta vez no seguía a nadie. A lo lejos se veían las puertas abiertas, como es imaginado el cielo de quienes mueren. Siguió adelante. Conocía bien el lugar, a pesar de haber estado solo una vez ahí. Muchos otros estaban ahí también, rodeándola en el aire. Por fin se detuvo. Se arrodilló.
Estaba frente a su pasado. Ahí estaba, nuevamente con ella. Ninguna de las dos se movía. Una inerte dentro de una caja enterrada a seis metros bajo tierra, la otra hincada frente a la tumba sin poder decir palabra. Hacía un año que no se encontraba con ella. El epitafio rezaba “Con amor, de los que no te olvidaremos”. Y ella la había olvidado. Su cuerpo se estremeció. No lloró. De sus labios no salió un te quiero, no rezó ninguna oración. El suspiro que acompañó el silencio solo decía “abue... te extraño.”
7 comentarios:
wwooo... muchas emociones encontradas (y no es por la broma). De verdadme hizo sentir cosas muy diferentes, me trajo algunos recuerdos, y me sorprendio mi reacción al ver el final que de verdad ya me esperaba.
que reaxción fue?
=( Excelente entrada. Perder a alguien no significa únicamente que se muera, pero los sentimientos son muy parecidos. Es más, me atrevo a decir que de alguna forma puede ser peor perder a alguien que no ha muerto por la simple y terrible incertidumbre del "¿qué tal si?". Obviamente, la muerte no se presta a interpretaciones. Ojalá lo fuera.
¿Sabes cómo me ahorré más cosas por hacer el día de hoy?
No leí tu post. :P
Prometo regresar mañana y leerlo, no que mis promesas valgan pero...
Que te pasa! no hagas eso! me gusta. ;)
pitza ame tu entrada,,, me movio bn gazhoo.. emm ii recorde qe algo as me paso.... peor con mas tiempo... y t juro q una lagrimaa brotho.. dios q osoo...
suerthe nna!!
Que buen blog.
Definitivamente eres muy buena escritora. Esta entrada me gusto porque demostraste cuanto la quisiste y cuanto la recuerdas, pero de una forma muy bella.
Sigue escribiendo, es uno de tus tantos talentos
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