Érase que se era, una niña buena que estaba en su casa sola y dispuesta a dormir, cuando se le ocurrió llamar por teléfono a una de sus compañeras de andanzas, no sabemos por qué extraña razón tomó el auricular y marcó el número... pero lo hizo.
La charla se tornó una llamada de auxilio, su compañera la tentó a acompañarla esa noche a visitar un doctor que había llegado de visita a la ciudad y al que debía atender como parte de las Relaciones públicas de su empresa. Ella no podía dejar a su amiga sola. Pese a todos los pretextos, excusas y divagaciones.. aceptó.
No pasó mucho tiempo para que se encontraran camino al bar al que habían acordado ir, pero una escala técnica las detuvo en un café de paso para tomar fuerzas antes de la noche que planeaban pasar sobre la pista de baile. Arribaron al lugar y después de explorarlo comenzó el espectáculo. La música, los bailes y los modelos que danzaban hacían que la atención se dirigiera al centro del lugar, donde caminaba (aunque bien podríamos decir que danzaba, pero por culpa del alcohol) el doctor al que habían decidido acompañar. La joven temerosa siguió a su amiga como un escudero fiel hasta la mesa del susodicho, donde tomaron asiento para disfrutar el resto de la variedad. Se suponía que asistirían más personas... pero nadie más se unió.
Pidieron una bebida, pero no tardaron mucho en solicitar algo más, bajo la premisa de "pueden pedir lo que sea" ambas se aventuraron a abrir un licor dulce y amargo. tranquilo, manso y memorable, y es que.. ¿quién despreciaría una botella de Don Julio Reposado? Por supuesto, ellas no.
Comenzaron a llenarles los vasos, y el chico que servía no veía precisamente el líquido de la botella, sino el humor vítreo de la mirada de ella, mientras una sonrisa coqueta se intercambiaba en ambos. La primer canción sonó incitando a los presentes a bailar y pronto la dejaron sola para lanzarse a la pista, ella disfrutó el candor del tequila mientras esperaba su turno. El mesero rodeaba continuamente su mesa, para asegurarse que no hubiera nada fuera de lugar y (seguramente) para estar cerca de ella.
El cambio de canción le indicó que era momento de que su amiga descansara y se sacrificara también, dejó el vaso vacío sobre la mesa y se puso de pie, bailó, giró y se movió al ritmo de la música, disfrutó la letra y la armonía con que se conjugaba, pronto llegó el silencio y con él, la libertad de sentarse y volver a llenar su vaso, sin embargo éste ya no estaba vacío.
Así pasó la noche, la chorcha, el ambiente y la diversión los envolvía, aunque su compañera luchaba contra las manos ágiles del doctor al que acompañaba, ella sólo tenía que preocuparse por aquel que se encargaba de revisar que no le hiciera falta nada. La hora de la cenicienta moderna arribó al reloj y ambas tuvieron que partir, una de las dos daba las gracias a Dios, la otra se limitó a despedirse. El pedazo de papel que les permitía la salida tenía escrito un número de 10 dígitos y al recibirlo, notó una sonrisa en unos labios que estaban demasiado cercanos a los suyos. Tomó el papel y se dirigió a la salida, volteó a ver a ese chico al que había prometido visitar después, sin intención real de hacerlo.
Cuando salieron, la botella de tequila las acompañaba.. a fin de cuentas, ¿quién despreciaría una botella de Don Julio Reposado? Por supuesto, ellas no.
La charla se tornó una llamada de auxilio, su compañera la tentó a acompañarla esa noche a visitar un doctor que había llegado de visita a la ciudad y al que debía atender como parte de las Relaciones públicas de su empresa. Ella no podía dejar a su amiga sola. Pese a todos los pretextos, excusas y divagaciones.. aceptó.
No pasó mucho tiempo para que se encontraran camino al bar al que habían acordado ir, pero una escala técnica las detuvo en un café de paso para tomar fuerzas antes de la noche que planeaban pasar sobre la pista de baile. Arribaron al lugar y después de explorarlo comenzó el espectáculo. La música, los bailes y los modelos que danzaban hacían que la atención se dirigiera al centro del lugar, donde caminaba (aunque bien podríamos decir que danzaba, pero por culpa del alcohol) el doctor al que habían decidido acompañar. La joven temerosa siguió a su amiga como un escudero fiel hasta la mesa del susodicho, donde tomaron asiento para disfrutar el resto de la variedad. Se suponía que asistirían más personas... pero nadie más se unió.
Pidieron una bebida, pero no tardaron mucho en solicitar algo más, bajo la premisa de "pueden pedir lo que sea" ambas se aventuraron a abrir un licor dulce y amargo. tranquilo, manso y memorable, y es que.. ¿quién despreciaría una botella de Don Julio Reposado? Por supuesto, ellas no.
Comenzaron a llenarles los vasos, y el chico que servía no veía precisamente el líquido de la botella, sino el humor vítreo de la mirada de ella, mientras una sonrisa coqueta se intercambiaba en ambos. La primer canción sonó incitando a los presentes a bailar y pronto la dejaron sola para lanzarse a la pista, ella disfrutó el candor del tequila mientras esperaba su turno. El mesero rodeaba continuamente su mesa, para asegurarse que no hubiera nada fuera de lugar y (seguramente) para estar cerca de ella.
El cambio de canción le indicó que era momento de que su amiga descansara y se sacrificara también, dejó el vaso vacío sobre la mesa y se puso de pie, bailó, giró y se movió al ritmo de la música, disfrutó la letra y la armonía con que se conjugaba, pronto llegó el silencio y con él, la libertad de sentarse y volver a llenar su vaso, sin embargo éste ya no estaba vacío.
Así pasó la noche, la chorcha, el ambiente y la diversión los envolvía, aunque su compañera luchaba contra las manos ágiles del doctor al que acompañaba, ella sólo tenía que preocuparse por aquel que se encargaba de revisar que no le hiciera falta nada. La hora de la cenicienta moderna arribó al reloj y ambas tuvieron que partir, una de las dos daba las gracias a Dios, la otra se limitó a despedirse. El pedazo de papel que les permitía la salida tenía escrito un número de 10 dígitos y al recibirlo, notó una sonrisa en unos labios que estaban demasiado cercanos a los suyos. Tomó el papel y se dirigió a la salida, volteó a ver a ese chico al que había prometido visitar después, sin intención real de hacerlo.
Cuando salieron, la botella de tequila las acompañaba.. a fin de cuentas, ¿quién despreciaría una botella de Don Julio Reposado? Por supuesto, ellas no.
3 comentarios:
Que te puedo decir, una de las tantas aventuras que hemos pasado y pasaremos.
Solo puedo darte las gracias por hacerme el paro, por estar conmigo y por sacrificarte.
Aqui es cuando te puedo decir, eres una verdadera amiga.
Que claro, mejor pagada no pudiste haber estado. Recuerdalo, esa botella sera solo para ocasiones muy pero muy especiales.
Ya nos hacia falta algo inesperado en las noches, algo en lo que solo teniamos la certeza que estabamos las dos y que pasariamos momentos inolvidables
Te quiero amigocha
Elenaa!! se suponía que éramos amigas imaginarias!!!
Lo siento amiga imaginaria, bueno esa noche fuimos mucha imaginacion jajajajaja.
El novio, el año, ya no recuerdo que tanto imaginamos
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