jueves, 15 de diciembre de 2011

Tú..

Tú que ya no importas y que no sé por qué me importaste tanto, que sabes que escribo para ti porque nadie merece tanto estas letras como las mereces tú, porque, ¡claro! Lo mereces todo.

Tú, has cambiado tanto y no sé cómo, quieres comerte el mundo aunque no te guste su sabor, tú, que buscas demostrarles a todos lo grandioso que eres y terminas alejando a todos los que no son dignos ni de tu mirada.

Tú que ya no eres aquel al que estimaba, al que quería, al que apreciaba, al que le confiaba mi vida… Al que ayudé mil veces sin esperar un “gracias” y al que hubiera animado en cualquier circunstancia, ese que dejé ir y que ha cambiado.

Tú, que no sé cómo puedes mirarte al espejo, tú que siempre fuiste como Narciso, nunca creí que pusieras tu foto en su definición del diccionario. ¿Te amas? Créeme, no me había dado cuenta… ¿Orgullo? Eres mi mayor ejemplo… ¿Ego? No sabía lo que era hasta que te conocí.

Y ¿qué hacer? No puedo hacer nada, disculpa si aún te dirijo la palabra, quizá vivo aferrada al recuerdo de lo que me acostumbraste a ver, a la imagen que creí de ti, a la persona que conocí y que ha desaparecido, quizá sigue ahí perdida aunque no sé dónde la escondiste.

Tú que eres tan diferente. Tú que ya no eres tú. Tú, al que ya no reconozco, ya no eres aquel y aquel que eras ya no es más tú.

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