jueves, 27 de febrero de 2014

Construir catedrales

Hace tiempo leí una frase (o no sé si me la contaron, la soñé o la inventé... pero digamos que la leí), decía que ninguna gran catedral se construirá en este siglo porque los hombres de ahora trabajan por el reconocimiento aquí y el ahora, por la trascendencia personal; mientras que antes se trabajaba por el anonimato, por la satisfacción, por la eternidad...

Ninguna catedral, ninguna muralla, ningún templo sagrado... Nada que no pueda ser concluido antes de que su creador, su autor, fallezca.  Nada que amerite sacrificio comunitario, avances sin ver resultados, proyectos sin reconocimientos.  Nada que sea tan grande que no pueda verse el final. Nada por el futuro, todo por el hoy.

Yo quiero construir catedrales.  Quiero iniciar obras que trasciendan, quiero morir sabiendo que mi trabajo no se terminó porque lo heredé a quienes podían hacerlo mejor. Quiero sembrar robles, pinos y sicomoros para que otros disfruten de los tesoros que darán las plantas cuando yo muera.  Quiero ser parte del cambio, quiero ser parte de la revolución, del impacto.  Entregar mi alma, mi vida, mi ser a una causa, a un por qué.

Si, quiero dejar una huella, no importa si soy la persona que la pisa o la que pone el cemento para que otro pie la estampe.  Quiero ser recordada, sí... aunque mi nombre se olvide.

Quiero ser un anónimo más, un sembrador, un constructor, un albañil... quizás en otra vida lo fui, quizá lo volveré a ser, quizá lo estoy siendo.

Quiero construir una catedral, ¿me ayudas?

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