miércoles, 13 de noviembre de 2013

Odio

Mis vecinas se odian.  Tienen un conflicto desde hace años, tan antiguo que estoy segura ninguna sabe cómo empezó.  Viven a dos casas de mi casa, una a cada lado y yo, en medio.  Mis vecinas se odian y sus desacuerdos crean conflictos entre vecinos, entre amigos, en la colonia.  Ha provocado peleas, discusiones, y hasta que la policía me visitara, a mí, cuya única participación es vivir justo en medio.

Mis vecinas se odian y sus hijos se odian.  No soportan verse cara a cara sin discutir, sin terminar en pleito.  Mis vecinas se odian y sus hijos se odian por ello, por un conflicto que no es suyo pero que lo hicieron propio. Se odian, de tal forma, que a veces no sale una si afuera está la otra.

Mis vecinas se odian y sus hijos se odian, pero sus nietos no se odian, no aún, porque ellos no conocen el odio.  Ellos aún no saben qué pasa, no entienden por qué no pueden acariciar al perro de la otra casa o por qué no los invitan a la otra fiesta, por qué no pueden jugar con ellos.

No, ellos no entienden, ellos no saben, ellos no odian.  Pero odiarán, y continuarán el conflicto que iniciaron las abuelas, que los lleva a decir "no, ahí no puedes jugar", "nos van a regañar si vas para allá".  Los nietos no tienen odio, no tienen culpa, no tienen idea.

Mis vecinas se odian y lo que me preocupa son sus nietos, los niños que pronto van a crecer y que se van a ver con prejuicios que no les corresponden, con los conflictos de sus padres y sus abuelas, porque les heredarán rencores y odios, a ellos cuya única culpa es no entender qué pasa.

Mis vecinas se odian, eso no me preocupa.  Me preocupa estar ahí el día en que sus nietos comiencen a odiarse, porque sabré que habrá una generación más de odio, de disputas, de poco entendimientos, de peleas, de gritos y de inconformidades sin razón, sin por qués, sin más razón que el odio por odio.

Mis vecinas se odian, sus hijos se odian, sus nietos de odiarán... y nadie parece hacer nada al respecto.




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