Me duele, pero es cada vez menos, ¿sabes? Poco a poco voy perdiendo la fe en ti y todo lo que dices y prometes me va dando lo mismo y duele, saber que creo más yo en ti que tú en ti mismo… ya te lo he dicho y te sigue dando igual. Lo peor es que no es tu culpa, tú eres así y yo espero que te motives y cambies, pero no vas a cambiar y no quiero acostumbrarme.
El círculo es este: tú dices y prometes que vas a hacer
algo, yo sé que no va a ser así, pero decido darte una oportunidad y te creo,
aunque en el fondo sé (y a veces lo digo y te enojas) que no vas a hacer ese
algo que dices, yo sé que no te vas a levantar, que no vas a terminar, que ni
siquiera lo vas a intentar. Ya sé lo que
va a pasar, pero te creo y me quedo con la posibilidad de que lo que dices
suceda y al final, la culpa es mía por haber creído (ooootra veeez) cuando ya
sabía que no sucedería lo que prometiste (otra vez).
Como ayer, tú diciendo que harías tarea, que aprovecharías
el tiempo de Santi en la escuela, yo sabiendo que regresarías de dejarlo y te
tirarías a dormir, tú negándolo indignado: “claro que no”, dijiste cuando lo
comenté. Y pues, no me equivoqué.
¿Cómo puedo contar contigo si te enojas cuando te lo pido?
¿Cómo puedo contar contigo si me echas en cara que sales de trabajar tarde y no
puedes ni siquiera dormir? ¿Cómo puedo esperar algo si cuando te lo pido refunfuñas,
lo ignoras o se te olvida? ¿Cómo puedo contar contigo si cuando me haces
compañía te quedas en silencio, jugando, más atento a un teléfono que a ti o a
mí?
Y te lo escribo, porque ya me cansé de decirlo y que sea una
queja más… no quiero ver tu cara cuando lo leas, porque ya he visto tu cara
cuando lo digo: indignado, soberbio, orgulloso, herido. Y sin cambios. De nuevo promesas.
Sé qué leerás esto “cuando te desocupes” y eso puede ser
hoy, en 5 minutos o nunca. Pero de
nuevo, elijo confiar que puede ser diferente, aunque no lo sea. ¿Total? ¿Qué se pierde?