De nuevo, frente a frente. De nuevo el desafío.
De nuevo me enfrento a mi peor enemigo, en cada brazada, en cada patada, en cada vuelta de campana, pero mi enemigo no está a lado mío, en el carril de junto tratando de reducir su tiempo y hacer mejor marca, tampoco está afuera gritando palabras de aliento y buscando nuevas estrategias para mejorar mi rendimiento. No, el enemigo está ahí, dentro de mí, poniendo los pretextos, perdiendo el tiempo, haciendo justificaciones o haciendo cada día más.
De nuevo estoy ahí, a un salto de distancia. Ahí, en el agua, donde nadie se preocupa por mí, por mi forma, por mi peso. Me permite hacer lo que no me atrevo a ser: yo misma. Avanzar y seguir avanzando, a pesar del cansancio, de las limitaciones.
Cada 50, 100, 200 o 1000 metros; dorso, pecho, mariposa y libre. Un metro y dos más. Ahí, donde no hay nadie mas que yo, nadie que haga el trabajo por mí, nadie que lleve mis cuentas. Ahí estoy, hoy, y estaré mañana y pasado, cada día, luchando contra mí y a favor de mí.
Cada día un nuevo reto, en el mismo lugar y con el mismo enemigo.
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