viernes, 4 de julio de 2014

Lo siento.

Lamento haber llegado tarde y sacudir, de la nada, tu vida entera.  Lo siento, lamento verte a los ojos y saber qué hay detrás de tu mirada. Disculpa, lamento huir de tus manos pero abrazarte con tan indecente necesidad.  Perdón. Disculpa mis impulsos, estas ansias de tenerte cerca y los mil pretextos para estar a tu lado.  Perdón por tantos cafés, tantas sonrisas y las largas horas de plática. 

Lo siento, perdóname por ponerte entre la espada y la pared, perdón por no contenerme. Disculpa por malinterpretar lo malinterpretable y ver en ti algo más que un amigo.  Lo siento, perdón por no alejarme, perdón por estar ahí, por tratar de conocer tu historia... por tratar de construirte otra.  Lo siento, disculpa, perdón, es que sólo soy como soy,

Lo siento,  perdona mis ilusiones, mi manera de verte, mi forma de hablarte,  mis ganas de buscarte.  Lo siento, debería ignorarte, no responderte, no llamarte, no pensarte y dejar de soñarte. Perdón,  no acepto la verdad,  aun no me hago a la idea de que lo que hay entre nosotros no se haga realidad. 

Perdón,  disculpa, lo siento... lamento no tener la suficiente valentía para robarte el beso que tanto he esperado.  Lo siento,  no por ti ni lo que pienses, sino por mí,  por lo que quiero, por lo que aún sigo esperando.  Perdona, fue sin intención.   Disculpa,  no volverá a pasar.  Lo siento,  y estoy segura que tú también.

Lo siento, disculpa,  perdón. Te confundí,  no con alguien sino a ti mismo.

martes, 1 de julio de 2014

Sola, Soledad...

Me siento sola.  Tengo 2,200 "amigos" y me siento sola.  Siempre hablo mucho y eso no puedo decirlo en voz alta.  Miles de risas al día,  múltiples visitas a la oficina, muchos "buenos días" a la gente conocida y desconocida también, y a pesar de todo me siento sola.

Me siento sola.  Porque llego a una casa de puertas cerradas, porque las pláticas dependen de los proyectos y los trabajos.  Porque las sonrisas se acaban los fines de semana.  Porque la única que me hace compañía se hace más vieja día con día, porque no hay un "buenas noches" ni un "¿cómo estuvo tu día?".  ...
Y duele, porque esta soledad llena de gente, inundada de llamadas, mensajes,  posts, likes y comentarios, viene acompañada de personas que me hablan por mi nombre pensando que me conocen, pero no conocen ni la mínima de mis historias.  Esta soledad, que te rodea a donde vayas, que te encierra en los libros, los sueños y las malas compañías, abraza y aviva el fuego del desasosiego, de la incertidumbre y de la desesperación.  

Me siento sola y me duele, sin por qués, sin razones, solo duele. Cuando todos alrededor tienen una historia de dos, tienen quién les haga compañía por las noches y con quien platicar por las mañanas.   Duele, porque conocer a todos es contar con ninguno.  Duele, preferir la música al silencio, los estruendos del televisor en frezze para que haya ruido de fondo en el soundtrack de la vida.

La soledad duele, no preguntes por qué, solo déjame sufrirla a solas.

domingo, 2 de marzo de 2014

No es el café


No es el sabor del trago sino el sabor del momento. No es el calor de la bebida sino lo cálido del encuentro. No es la hiel de los granos, sino la miel de las risas. No es el café,  es un pretexto.

No es porque sea rápido,  es porque el tiempo vuela. No es porque altere el sueño es porque permite soñar despierto.  No es porque nutra el cuerpo, es porque alimenta el alma.  No es porque sea café,  porque es solo un  pretexto.

No es la variedad de sabores, es la acumulación de recuerdos.  No es el tamaño en que lo sirven, es lo largo del contexto. No es la mezcla de ingredientes, es la combinación de compañeros.  No es el café,  es un pretexto.

Para hablar, callar, convivir, crear, cambiar, soñar, transformar, huir, volver, escapar, reencontrar, construir, destrozar, comenzar, acabar, continuar, esperar, pensar, sentir,  amar...

No es el café, es nuestro pretexto.

jueves, 27 de febrero de 2014

Construir catedrales

Hace tiempo leí una frase (o no sé si me la contaron, la soñé o la inventé... pero digamos que la leí), decía que ninguna gran catedral se construirá en este siglo porque los hombres de ahora trabajan por el reconocimiento aquí y el ahora, por la trascendencia personal; mientras que antes se trabajaba por el anonimato, por la satisfacción, por la eternidad...

Ninguna catedral, ninguna muralla, ningún templo sagrado... Nada que no pueda ser concluido antes de que su creador, su autor, fallezca.  Nada que amerite sacrificio comunitario, avances sin ver resultados, proyectos sin reconocimientos.  Nada que sea tan grande que no pueda verse el final. Nada por el futuro, todo por el hoy.

Yo quiero construir catedrales.  Quiero iniciar obras que trasciendan, quiero morir sabiendo que mi trabajo no se terminó porque lo heredé a quienes podían hacerlo mejor. Quiero sembrar robles, pinos y sicomoros para que otros disfruten de los tesoros que darán las plantas cuando yo muera.  Quiero ser parte del cambio, quiero ser parte de la revolución, del impacto.  Entregar mi alma, mi vida, mi ser a una causa, a un por qué.

Si, quiero dejar una huella, no importa si soy la persona que la pisa o la que pone el cemento para que otro pie la estampe.  Quiero ser recordada, sí... aunque mi nombre se olvide.

Quiero ser un anónimo más, un sembrador, un constructor, un albañil... quizás en otra vida lo fui, quizá lo volveré a ser, quizá lo estoy siendo.

Quiero construir una catedral, ¿me ayudas?

Así... o no.

Lo vio, se enamoró, cayó en esa mirada profunda, en ese mar fangoso que tenía por ojos.
Sonrió, se enamoró, de esa sonrisa traviesa, de esos dientes blancos, de las perlas relucientes, de los labios encurvados.
Habló, se enamoró, de su voz ronca, coqueta, de su acento extraño y su siseante hablado.
Calló, se enamoró, de su porte, de su silencio, de sus pensamientos, de su mirada perdida, de las ideas en su cabeza.
La abrazó, se enamoró, de sus brazos fuertes, del calor que emanaba, de la manera en que sus brazos la rodeaban para no dejarla ir.
La esperó, se enamoró, de su paciencia, de su tranquilidad, de sus atenciones. de su manera de ser y de dejar pasar, sin prisa, con tiempo, sin falta.
Lo escuchó, se enamoró, de sus experiencias, de sus aventuras, de sus tropiezos y sus debilidades, de todo lo que había pasado y el futuro que planeaba vivir.

Lo conoció, se enamoró.  Lo conoció completo, Lo conoció con calma. Lo conoció poco a poco.  Lo conoció con tiempo.  Le adivinó la mirada.

Se dejó conocer, lo enamoró.  Lo enamoró con sus ojos, con su boca, con su voz, con su calor, con su tiempo, con su palabra y sin ella, a pesar del pasado, con su presente y aún sin futuro.

Porque se vieron a los ojos y se enamoraron, se sonrieron y se enamoraron, hablaron y se enamoraron, callaron y se enamoraron, se abrazaron y se enamoraron, vivieron y se enamoraron, porque tarde o temprano se dieron cuenta que eran el uno para el otro, a pesar de que el otro aún no estaba seguro.



jueves, 19 de diciembre de 2013

La depresión es para pobres...

Tú no puedes estar deprimido, eso déjaselo a aquellos que no tienen todo lo que tú, quienes no tienen un pan que llevarse a la boca, aquellos que no tienen un techo que los cubra del frío, aquellos que se encuentran solos en el mundo, que perdieron a su familia o que dejaron que su familia los perdiera.  Tú no puedes estar deprimido, me lees bien, tú no.  Déjale la depresión a quienes no tienen un trabajo que los entretenga o mantenga, aquellos que no tienen personas que se preocupen por ellos, a quienes no conocen la fortuna de un elogio o de un "buenos días".

Tú no DEBES estar deprimido, tú que tienes amigos, que tienes planes que cumplir, que tienes talento o potencial; tú que eres querido y respetado. Tú no, porque tienes una vida que vivir, expectativas que cumplir, cosas que hacer y un perro que alimentar.

Tú no PUEDES estar deprimido, porque puedes observar las maravillas de la naturaleza, porque no tienes ningún impedimento físico, porque todo en tu cuerpo funciona perfectamente, porque tus ojos pueden ver, tus oídos oír, tus pies caminar y tu boca sonreír.

Tú NO, entiende, NO DEBES estar deprimido, porque no te corresponde, no es tu papel.  Tú tienes todo lo que otros desearían, tú que ya tuviste una carrera e incluso una maestría, tú que creciste con sueños e ilusiones que no fueron pisoteadas por la realidad.  Tú que no tienes hijos,  que puedes viajar, darte tus gustos, tú que puedes disfrutar la vida, no puedes, ni debes estar deprimido.

No.  Todos menos tú. ¿Cuántas personas desearían estar en tu lugar, sufriendo por lo que sufres tú y no por sus propios problemas? Deja de autocompadecerte, tus problemas no son problemas, no son lo suficientemente grandes, no importa que nadie sepa cuáles son.

Así que, déjales la depresión a los pobres, los desvalidos, los otros, por que tú... tú no puedes ni debes tener depresión.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Odio

Mis vecinas se odian.  Tienen un conflicto desde hace años, tan antiguo que estoy segura ninguna sabe cómo empezó.  Viven a dos casas de mi casa, una a cada lado y yo, en medio.  Mis vecinas se odian y sus desacuerdos crean conflictos entre vecinos, entre amigos, en la colonia.  Ha provocado peleas, discusiones, y hasta que la policía me visitara, a mí, cuya única participación es vivir justo en medio.

Mis vecinas se odian y sus hijos se odian.  No soportan verse cara a cara sin discutir, sin terminar en pleito.  Mis vecinas se odian y sus hijos se odian por ello, por un conflicto que no es suyo pero que lo hicieron propio. Se odian, de tal forma, que a veces no sale una si afuera está la otra.

Mis vecinas se odian y sus hijos se odian, pero sus nietos no se odian, no aún, porque ellos no conocen el odio.  Ellos aún no saben qué pasa, no entienden por qué no pueden acariciar al perro de la otra casa o por qué no los invitan a la otra fiesta, por qué no pueden jugar con ellos.

No, ellos no entienden, ellos no saben, ellos no odian.  Pero odiarán, y continuarán el conflicto que iniciaron las abuelas, que los lleva a decir "no, ahí no puedes jugar", "nos van a regañar si vas para allá".  Los nietos no tienen odio, no tienen culpa, no tienen idea.

Mis vecinas se odian y lo que me preocupa son sus nietos, los niños que pronto van a crecer y que se van a ver con prejuicios que no les corresponden, con los conflictos de sus padres y sus abuelas, porque les heredarán rencores y odios, a ellos cuya única culpa es no entender qué pasa.

Mis vecinas se odian, eso no me preocupa.  Me preocupa estar ahí el día en que sus nietos comiencen a odiarse, porque sabré que habrá una generación más de odio, de disputas, de poco entendimientos, de peleas, de gritos y de inconformidades sin razón, sin por qués, sin más razón que el odio por odio.

Mis vecinas se odian, sus hijos se odian, sus nietos de odiarán... y nadie parece hacer nada al respecto.




Duelo y despedida...

Cada despedida es diferente.  Decir adiós es más fácil cuando sabes que el hola de nuevo vendrá pronto, cuando la esperanza de volverse a ve...