lunes, 22 de abril de 2013

Cuestión de imaginar...


Imaginemos la historia de una pareja de amigos, dos jóvenes que se buscan con la mirada y que sonríen al encontrarse, dos viajeros de este siglo, en este mundo y en este espacio que coinciden, sin querer, en momentos de vida diferentes. Imaginen dos amigos, cualquiera, uno como yo y uno como él, que no seamos él y yo.

Imaginen que ella busca un pretexto, el que sea, pequeño o grande, significativo o insignificante para hablarle, para saber de él, para abrazarlo o verlo a los ojos, mientras él no desaprovecha los pretextos (aun sabiendo que son pretextos) que ella pone para hablarle, para abrazarla o verla a los ojos, pero sólo aprovecha esos momentos sin crear los suyos propios.

Imaginen sus indirectas, a veces sutiles como una mirada sostenida, como una sonrisa coqueta y a veces como pedradas que rompen cristales. Imaginen sus conversaciones una y miles, plagadas de frases trilladas y chistes locales; pláticas y discusiones, diálogos y largas tertulias. Imaginen sus celos, pocos o muchos, pero celos. Uno más, uno menos. Se pertenecen, en momentos y en instantes, y luego se vuelven entes libres que no se esperan aunque se esperen de por vida.

Imaginen a dos amigos, como niños de primaria. Él se burla, la hace enojar y luego lo compone todo haciéndola reír. Ella solo trata de agradarle, una tontería o quizá dos, siempre útil, siempre presente. Él está ahí, en los momentos en que ella ni siquiera sabía que necesitaba a alguien y ella está ahí, en los momentos en los que él no tiene a nadie más. Ella con el corazón abierto y él con los labios cerrados. Imaginen su relación, ella siempre disponible, siempre dispuesta; él siempre dispuesto pero nunca disponible.

Imaginen que estos amigos, porque solo son amigos, que se buscan y se quieren, hacen planes. Planes que nunca se realizan y situaciones que nunca se planean. Se citan y se cancelan, se buscan sin encontrarse y se encuentran cuando menos se buscan, pero siempre se sorprenden.

Imaginen que se quieren, porque se quieren, de una manera extraña, rara e inusual, pero se quieren. Lo han dicho, cada uno en un entorno diferente, cada uno de una manera distinta, pero siempre sincera, siempre de frente. Se quieren y lo saben, pero no se dejan aceptarlo. Shhh, nadie debe saberlo y “nadie” nos incluye a ustedes, a él y a mí, pero recuerden que no somos ni él ni yo.

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