Pero sigamos suponiendo, que al llegar a casa te hablan sobre mí. No mencionan mi nombre y sabes que no soy yo la de la historia, pero hablan de mí, de ti y nuestra historia. Te cuentan los detalles que no le contaste a nadie. Te dicen lo que sentiste, lo que viviste, lo que nunca dijiste. Te narran la misma historia, la misma situación, la misma mezcla de sentimientos, la misma solución. Y ríes, porque no sabes qué más puedes hacer.
Y supongamos también que me recuerdas y que piensas que es una casualidad haberme encontrado en la calle, así, de pronto y sin querer. Empiezas a hablar sobre nosotros, la emoción, el tropezón, la caída, la levantada, el error. Das consejos, basados en nuestra experiencia, en nuestro pasado, en nuestro "adiós" que nunca se dijo y que nunca se dirá.
Y supongamos que, después de todo, decides escribir. Contarme qué pasó. Decirme que todo está bien, que me has olvidado, que soy sólo parte de tus recuerdos, de tu pasado. Que quieres engañarme diciendo que ya no piensas en mí.
Supongamos entonces que yo supongo que tú sabes que quien escribió no fui yo.
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