jueves, 27 de febrero de 2014

Así... o no.

Lo vio, se enamoró, cayó en esa mirada profunda, en ese mar fangoso que tenía por ojos.
Sonrió, se enamoró, de esa sonrisa traviesa, de esos dientes blancos, de las perlas relucientes, de los labios encurvados.
Habló, se enamoró, de su voz ronca, coqueta, de su acento extraño y su siseante hablado.
Calló, se enamoró, de su porte, de su silencio, de sus pensamientos, de su mirada perdida, de las ideas en su cabeza.
La abrazó, se enamoró, de sus brazos fuertes, del calor que emanaba, de la manera en que sus brazos la rodeaban para no dejarla ir.
La esperó, se enamoró, de su paciencia, de su tranquilidad, de sus atenciones. de su manera de ser y de dejar pasar, sin prisa, con tiempo, sin falta.
Lo escuchó, se enamoró, de sus experiencias, de sus aventuras, de sus tropiezos y sus debilidades, de todo lo que había pasado y el futuro que planeaba vivir.

Lo conoció, se enamoró.  Lo conoció completo, Lo conoció con calma. Lo conoció poco a poco.  Lo conoció con tiempo.  Le adivinó la mirada.

Se dejó conocer, lo enamoró.  Lo enamoró con sus ojos, con su boca, con su voz, con su calor, con su tiempo, con su palabra y sin ella, a pesar del pasado, con su presente y aún sin futuro.

Porque se vieron a los ojos y se enamoraron, se sonrieron y se enamoraron, hablaron y se enamoraron, callaron y se enamoraron, se abrazaron y se enamoraron, vivieron y se enamoraron, porque tarde o temprano se dieron cuenta que eran el uno para el otro, a pesar de que el otro aún no estaba seguro.



jueves, 19 de diciembre de 2013

La depresión es para pobres...

Tú no puedes estar deprimido, eso déjaselo a aquellos que no tienen todo lo que tú, quienes no tienen un pan que llevarse a la boca, aquellos que no tienen un techo que los cubra del frío, aquellos que se encuentran solos en el mundo, que perdieron a su familia o que dejaron que su familia los perdiera.  Tú no puedes estar deprimido, me lees bien, tú no.  Déjale la depresión a quienes no tienen un trabajo que los entretenga o mantenga, aquellos que no tienen personas que se preocupen por ellos, a quienes no conocen la fortuna de un elogio o de un "buenos días".

Tú no DEBES estar deprimido, tú que tienes amigos, que tienes planes que cumplir, que tienes talento o potencial; tú que eres querido y respetado. Tú no, porque tienes una vida que vivir, expectativas que cumplir, cosas que hacer y un perro que alimentar.

Tú no PUEDES estar deprimido, porque puedes observar las maravillas de la naturaleza, porque no tienes ningún impedimento físico, porque todo en tu cuerpo funciona perfectamente, porque tus ojos pueden ver, tus oídos oír, tus pies caminar y tu boca sonreír.

Tú NO, entiende, NO DEBES estar deprimido, porque no te corresponde, no es tu papel.  Tú tienes todo lo que otros desearían, tú que ya tuviste una carrera e incluso una maestría, tú que creciste con sueños e ilusiones que no fueron pisoteadas por la realidad.  Tú que no tienes hijos,  que puedes viajar, darte tus gustos, tú que puedes disfrutar la vida, no puedes, ni debes estar deprimido.

No.  Todos menos tú. ¿Cuántas personas desearían estar en tu lugar, sufriendo por lo que sufres tú y no por sus propios problemas? Deja de autocompadecerte, tus problemas no son problemas, no son lo suficientemente grandes, no importa que nadie sepa cuáles son.

Así que, déjales la depresión a los pobres, los desvalidos, los otros, por que tú... tú no puedes ni debes tener depresión.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Odio

Mis vecinas se odian.  Tienen un conflicto desde hace años, tan antiguo que estoy segura ninguna sabe cómo empezó.  Viven a dos casas de mi casa, una a cada lado y yo, en medio.  Mis vecinas se odian y sus desacuerdos crean conflictos entre vecinos, entre amigos, en la colonia.  Ha provocado peleas, discusiones, y hasta que la policía me visitara, a mí, cuya única participación es vivir justo en medio.

Mis vecinas se odian y sus hijos se odian.  No soportan verse cara a cara sin discutir, sin terminar en pleito.  Mis vecinas se odian y sus hijos se odian por ello, por un conflicto que no es suyo pero que lo hicieron propio. Se odian, de tal forma, que a veces no sale una si afuera está la otra.

Mis vecinas se odian y sus hijos se odian, pero sus nietos no se odian, no aún, porque ellos no conocen el odio.  Ellos aún no saben qué pasa, no entienden por qué no pueden acariciar al perro de la otra casa o por qué no los invitan a la otra fiesta, por qué no pueden jugar con ellos.

No, ellos no entienden, ellos no saben, ellos no odian.  Pero odiarán, y continuarán el conflicto que iniciaron las abuelas, que los lleva a decir "no, ahí no puedes jugar", "nos van a regañar si vas para allá".  Los nietos no tienen odio, no tienen culpa, no tienen idea.

Mis vecinas se odian y lo que me preocupa son sus nietos, los niños que pronto van a crecer y que se van a ver con prejuicios que no les corresponden, con los conflictos de sus padres y sus abuelas, porque les heredarán rencores y odios, a ellos cuya única culpa es no entender qué pasa.

Mis vecinas se odian, eso no me preocupa.  Me preocupa estar ahí el día en que sus nietos comiencen a odiarse, porque sabré que habrá una generación más de odio, de disputas, de poco entendimientos, de peleas, de gritos y de inconformidades sin razón, sin por qués, sin más razón que el odio por odio.

Mis vecinas se odian, sus hijos se odian, sus nietos de odiarán... y nadie parece hacer nada al respecto.




sábado, 19 de octubre de 2013

Por qué soy profesor

 Ensayo entregado como parte de las actividades requeridas en el Diplomado de Prácticas y Habilidades Docentes.en 2012.
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La preparatoria fue una etapa divertida y muy trascendente en mi vida, académica y socialmente hablando.  Como persona siempre fui muy sociable y estuve involucrada en miles de actividades extraacadémicas (equipos representativos, grupos de teatro y asociaciones estudiantiles), siempre  he sido alegre y extrovertida por lo que relacionarme con otros me era muy fácil, sin embargo, como alumna, a pesar de no ser de los peores (flojos reprobados, sufridos y estigmatizados), tampoco sobresalí por tener 99's y 100's.  Fui esa alumna que, ahora que es maestra, sabe todo lo que los alumnos pueden hacer... porque ya lo hizo. 

            Hice y deshice muchas veces y hasta hoy me confieso culpable: faltar a clases era una práctica común, copiar y dejarme copiar en exámenes también, prestar, intercambiar o compartir tareas, platicar, dibujar y dormirme en clase no se quedaban atrás.  Lo que viví me ha permitido saber cómo pueden actuar mis alumnos, las condiciones de estudio y su forma de reaccionar.  Lo que soy y lo que vivo me ha ayudado de la siguiente manera:
  • Soy creativa: aunque al parecer no lo suficiente como para hacer un buen ensayo, pero si lo necesario para preparar una clase, despertar a los chavos y mantener su atención de manera que se interesen genuinamente en el contenido de la clase.
  • Me aburro fácilmente: por lo que trato de variar los estímulos para que mis alumnos no se aburran conmigo, cambiarlos de lugar, cambiar de ambiente, poner retos o actividades grupales, etc., cosas que generen interés y no apatía.
  • Me gusta aprender: Es decir, no me gusta ser la que tiene toda la razón, me gusta generar polémica y que hayan discusiones informadas, que sean los alumnos quienes expongan o propongan actividades para aprender.
  • Soy muy dinámica: atraigo la atención fácilmente ya sea por mis acciones, mis palabras, mis movimientos o simplemente porque me quedo en silencio.  Puedo contagiar la vibra aún en los peores horarios para dar clases.


En fín, son muchas cosas más y creo que doy de mí lo suficiente para cambiar el paradigma del aprendizaje al apreHendizaje en el cual los alumnos no solo aprenden mentalmente algo nuevo, sino que lo hacen propio, lo practican y lo llevan a la realidad.  Mi manera de enseñar es totalmente mi manera de ser y viceversa, me complementa, me llena... me satisface.

De vuelta al agua

De nuevo, frente a frente. De nuevo el desafío.

De nuevo me enfrento a mi peor enemigo, en cada brazada, en cada patada, en cada vuelta de campana, pero mi enemigo no está a lado mío, en el carril de junto tratando de reducir su tiempo y hacer mejor marca, tampoco está afuera gritando palabras de aliento y buscando nuevas estrategias para mejorar mi rendimiento. No, el enemigo está ahí, dentro de mí, poniendo los pretextos,  perdiendo el tiempo, haciendo justificaciones o haciendo cada día más.

De nuevo estoy ahí, a un salto de distancia.  Ahí, en el agua, donde nadie se preocupa por mí, por mi forma, por mi peso.  Me permite hacer lo que no me atrevo a ser: yo misma.  Avanzar y seguir avanzando, a pesar del cansancio, de las limitaciones.  

Cada 50, 100, 200 o 1000 metros; dorso, pecho, mariposa y libre. Un metro y dos más. Ahí,  donde no hay nadie mas que yo, nadie que haga el trabajo por mí,  nadie que lleve mis cuentas.  Ahí estoy, hoy, y estaré mañana y pasado, cada día,  luchando contra mí y a favor de mí.  

Cada día un nuevo reto, en el mismo lugar y con el mismo enemigo.

jueves, 19 de septiembre de 2013

El que será porque es...

Él.
Con una sonrisa traviesa y juguetona, con una mirada misteriosa en la que me reflejo yo.  Él, un caballero con alma de niño, que sabe jugar y disfrutar de los pequeños detalles pero que se esfuerza por lograr grandes cosas.  Él, apasionado por su causa, por su equipo, por su vida.  Él, que baila conmigo aunque no sepa bailar.  Él, que me toma de la mano para decirme que todo está bien.  Él, quien ama su trabajo y disfruta cada instante de lo que hace, que tiene éxito porque trabaja para obtenerlo.  Él, que no se preocupa por el dinero porque sabe que las cosas que valen la pena no se pueden comprar.

Él.

Ese hombre carismático, sencillo y soñador, que busca cambiar el mundo, un paso a la vez. Él, que se compromete con sus ideales y con su sociedad.  Ése que busca ser y hacer la diferencia, que lucha y se esfuerza y se levanta detrás de cada caída.  Ése que va a fracasar, pero no se va a rendir.  Ése que va a seguir intentando, esforzándose y creciendo.  Ése que me reta intelectualmente y que me invita a soñar y hacer cosas diferentes, a compartir sus locuras y a seguirme en las mías.  Él, que sabe alejar las nubes y hace que salga el sol en los días grises.

Él.

Aquel que puede caminar solo pero prefiere caminar conmigo.  Con quien comparto el rumbo y con quién sé que no estoy perdida.  Aquel que está ausente, pero no por mucho tiempo.  Aquel que sabe hacerme reír y que se ríe de mis bromas, aunque sean tontas, como a veces somos nosotros.  Él que comparte lo que sabe y que hace que aprendamos juntos, que crezcamos juntos.  Él, que sabe lo que quiere y va tras ello.  Ése, que me conoce, que me acepta, que me complementa, porque lo conozco, lo acepto y lo complemento.  Él, decidido, congruente, feliz. 

Aquel, ése, él, uno solo.  Y yo.  Nosotros.


martes, 30 de julio de 2013

Keep going

Sin cosquillas, sin sonrisas, sin nervios.  Volverte a ver sin saber si las mariposas emigraron o se extinguieron pero con la certeza de que ya no están aquí. Volver a estar a tu lado sin esperar nada de ti, porque ya tuve todo lo que necesitaba y fue suficiente.  Volver a reflejarme en tu mirada y sonreír tranquila sin dejar que me conquiste como siempre lo había hecho.  Volver a estar entre tus brazos, así, como siempre, negándolo todo... Volver o avanzar, pero nueva, renovada, consciente, tranquila, feliz.  Sin cosquillas, sin sonrisas y sin nervios.

Duelo y despedida...

Cada despedida es diferente.  Decir adiós es más fácil cuando sabes que el hola de nuevo vendrá pronto, cuando la esperanza de volverse a ve...