miércoles, 21 de enero de 2026

Duelo y despedida...

Cada despedida es diferente.  Decir adiós es más fácil cuando sabes que el hola de nuevo vendrá pronto, cuando la esperanza de volverse a ver sigue presente, cuando un hasta pronto no se convierte en un hasta nunca.

Cada una de mis despedidas permanentes ha dolido, ha dejado un hueco en mi corazón que he llenado de recuerdos, que he cubierto con abrazos y tapiado con textos dedicados a los que ya no están.  Cada adiós definitivo me ha empapado y me ha movido, su sacudida no me dejó estática.  La reunión de seres queridos, también dolientes, algunos ausentes o dependientes, incapaces de ver qué viene después de este “se acabó”, no me deja quedarme quieta, siempre hay algo qué hacer, buscar flores, hacer un pago o resurtir el café.  Tal vez alguna pérdida me convierta en uno de ellos, cuando el dolor me incapacite y me robe las palabras, cuando la persona despedida sea más cercana, más querida, más amada.

Cada adiós, es distinto, algunos con palabras, con silencios o con lágrimas.  Algunos rodeada de personas, algunos en total soledad, con un teclado y una pantalla. Algunos adioses acompañados de oración, de peticiones al cielo, de esperanzas de vida eterna y un rosario por su alma (y las otras ánimas benditas del purgatorio).

Cada ser querido al que he despedido, cada persona que se ha ido, cada inevitable impermanencia ha estado marcada por la distancia, por el tiempo, por el deber.  Ellas despidiéndose por anticipado, él sin decir nada.  Ellas en mis años conscientes, él, en lo inconsciente de mi niñez.  Cada adiós, cada despedida, cada dolor, cada

Me llevo de todos lo que me han dejado, lo que nos ha unido y lo que me ha marcado: un ángel guardián, el sentido del humor y de reacción, la misma profesión y un aroma que hoy día, sigue vigente.  Porque lo que me quedo no es un suéter, un perfume o unas sandalias, es la compañía que arropa, la esencia que perdura y los caminos que iniciaron. Gracias, por el tramo recorrido, me toca seguir avanzando. 

sábado, 5 de julio de 2025

Fin de semana...

VIERNES

Hoy extrañé tu mensaje de buenos días, ya me había acostumbrado a esas 3 simples palabras que siempre veía al despertar y ponían una sonrisa en mi rostro: "Buenos días, hermosa".

Me vestí como te gusta y me tomé unas fotos que pensé en compartirte pero no envié. No puedo estar sin respuestas de una persona que me hace pensar en él, que escribe diez días continuos y se silencia los cuatro siguientes.  Sabía cuál es la situación, pero no la condición. 

SÁBADO

Un día más de ausencia.  Sé que vas a estar pasándola bien, ¿cómo está tu familia?, ¿cuáles son los planes del fin de semana?  No sé cómo llevar esto, de niña me enseñaron a no envidiar, pero no me enseñaron a compartir.  ¿Cómo se comparte lo que no es tuyo? 

Quería saber de ti y resistí mis ganas de escribirte.  Tenía frío y no estabas para abrazarme. Me sentí triste y no pudiste consolarme. ¿Por qué debería seguir contigo, si tú sigues sin mí? 

DOMINGO

Yo quería todo al cien o al doscientos, no me conformaba con menos, pero contigo no supe contar.  Solo son mensajes y llamadas, me falta tu presencia.  Hay palabras clave para no escribir y temas que no se pueden tocar, mientras fantaseamos con el momento en que estaremos juntos, viéndonos a los ojos. 

Recuerdo la última conversación que tuvimos, el qué hubiera pasadao si... el cómo habría sido nuestra vida estando uno con el otro. Nuestro momento pudo haber sido hace 7 años, o no pudo ser nunca, pero definitivamente no puede ser hoy. 

LUNES

Mañana sabré de ti y espero de nuevo mi mensaje al despertar.  Quiero de nuevo las promesas porque certezas no hay, vivo de las ilusiones y los deseos que se convierten en planes, pero sabemos que son solo sueños. 

Y qué será de nosotros en las vacaciones de invierno, sabiendo que podemos estar juntos, sin estarlo.  Mientras pienso en ese futuro me pierdo el presente, ilusa, confusa, consciente de que lo que tengo no es real, pero existe. 

MARTES

Hoy, se reinicia el bucle y al despertar se diluyen las dudas, ahí está de nuevo el mensaje de buenos día, se reanudan los 10 días de esperanza, de ilusión y de cortejo.  Hoy regreso a las conversaciones sin límite de tiempo, sin nada que ocultar. hoy vuelvo a sonreirte a la distancia, con el sinsabor de los días que se acaban, de que todo tiene un final. 

Mientras tanto, cuéntame... ¿cómo va tu día?

miércoles, 12 de marzo de 2025

Diatriba del lector

Llovía

Sí, siempre llueve, pero... ¿qué más?

Llovía. En su calle, en sus ojos, en su corazón.

Melancólico, sí. Incompleto, también.

Llovía. En su calle, en sus ojos, en su corazón. Él la observaba a lo lejos

¿Es un él? Creí que era ella. 

Llovía. En su calle, en sus ojos, en su corazón. Él la observaba a lo lejos, se había alejado por lo que había sucedido entre los dos. 

Alto ahí, ¿para dónde vas?

Llovía. En su calle, en sus ojos, en su corazón. Él la observaba a lo lejos, se había alejado por lo que había sucedido entre los dos. Quería tomar sus manos de nuevo, besar las lágrimas que caían y verse de nuevo en su mirada. 

Qué romántico... ¡Aburrido!

Llovía. En su calle, en sus ojos, en su corazón. Él la observaba a lo lejos, se había alejado por lo que había sucedido entre los dos.  Quería tomar sus manos de nuevo, besar las lágrimas que caían y verse de nuevo en su mirada. Dio un paso hacia ella pero el recuerdo lo detuvo. 

¡Sí! Emoción, intrigaaaaa

Llovía. En su calle, en sus ojos, en su corazón. Él la observaba a lo lejos, se había alejado por lo que había sucedido entre los dos. Quería tomar sus manos de nuevo, besar las lágrimas que caían y verse de nuevo en su mirada. Dio un paso hacia ella pero el recuerdo lo detuvo.  Su traición aún estaba presente en sus memorias. 

Ooooohhhh... ¿y luego?

Llovía. En su calle, en sus ojos, en su corazón. Él la observaba a lo lejos, se había alejado por lo que había sucedido entre los dos.  Quería tomar sus manos de nuevo, besar las lágrimas que caían y verse de nuevo en su mirada. Dio un paso hacia ella pero el recuerdo lo detuvo.  Su traición aún estaba presente en sus memorias y sabía que ella no lo podría perdonar. 

¡QuÉ!? ¿Quién traicionó a quién!?

Llovía. En su calle, en sus ojos, en su corazón. Él la observaba a lo lejos, se había alejado por lo que había sucedido entre los dos.  Quería tomar sus manos de nuevo, besar las lágrimas que caían y verse de nuevo en su mirada. Dio un paso hacia ella pero el recuerdo lo detuvo.  Su traición aún estaba presente en sus memorias y sabía que ella no lo podría perdonar. Ella lloraba, detrás del vidrio de la ventana, las lágrimas se camuflaban, Él, afuera, permanecía impávido. 

Impávido estoy yo que no sé qué está pasando. 

Llovía. En su calle, en sus ojos, en su corazón. Él la observaba a lo lejos, se había alejado por lo que había sucedido entre los dos.  Quería tomar sus manos de nuevo, besar las lágrimas que caían y verse de nuevo en su mirada. Dio un paso hacia ella pero el recuerdo lo detuvo.  Su traición aún estaba presente en sus memorias y sabía que ella no lo podría perdonar. Ella lloraba, detrás del vidrio de la ventana, las lágrimas se camuflaban, Él, afuera, permanecía impávido. Bajó la mirada, no quería contemplar el daño que había causado, su cinismo no llegaba a tanto. 

¡Y qué más! ¿Por qué no escribes más rápido?

Tú, ¿por qué no lees más lento? 

Ora, ora... tú eres el escritor, dedícate a escribir

Y tú el lector, regresa cuando esto esté terminado.

No puedo, ya me intrigaste, es tu culpa.  ¿Quién escribe sobre amor, pero que no es amor porque es traición, pero le duele?

Pues yo...

¡Pues no te veo escribiendo! Órale, síguele... te quedaste en que era un cínico, desgraciado.

Yo no dije eso.

Pues es lo que pensé con lo que escribiste, seguro fue tu intención disfrazada decir que era un cretino sin vergüenza

Para nada, yo digo que es una buena persona. 

No, no lo has dicho...

Pues lo digo ahora. 

Era buena persona.

              No, no, no… esos recursos no van, ya me cambiaste la historia, ¿dónde está la lluvia?

                            ¿No que no querías una historia de traición que no es amor porque duele?

Nunca dije que no la quisiera, solo me preguntaba quién diantres se le ocurre… son cosas diferentes. Mejor, regresa a la lluvia.

              Ok…

Llovía. En su calle, en sus ojos, en su corazón. Él la observaba a lo lejos, se había alejado por lo que había sucedido entre los dos.  Quería tomar sus manos de nuevo, besar las lágrimas que caían y verse de nuevo en su mirada. Dio un paso hacia ella pero el recuerdo lo detuvo.  Su traición aún estaba presente en sus memorias y sabía que ella no lo podría perdonar. Ella lloraba, detrás del vidrio de la ventana, las lágrimas se camuflaban, Él, afuera, permanecía impávido. Bajó la mirada, no quería contemplar el daño que había causado, su cinismo no llegaba a tanto. A él le dolía su dolor, decirle la verdad lo había marcado. Verla a los ojos y confesar su traición había sido lo último que imaginaba sucedería en su relación. Él creía que serían felices para siempre, había soñado estar a su lado en el altar, pero no lo logró y fue su culpa.

              Ah, jijo… cómo que estando enamorado la traicionó, así no funcionan las cosas.  

                            Se equivocó, fue un error, no ves que…

No, no, no… espérame tantito… nada de errores ni de accidentes, la infidelidad no es un accidente.

                            ¿Y quién dijo infidelidad?

              Ah, caray, pues, ¿de qué otra traición estamos hablando?

                            Sigue leyendo y verás.

              Pues sigue escribiendo… a ver, manos a las teclas…

Llovía. En su calle, en sus ojos, en su…

              Ya me cansé de lo mismo, ándale directo al grano.

                            Pero no vas a entender lo que viene

              Aquí el lector soy yo, si entiendo o no entiendo tú ni vas a saber.

                            Claro que sí, porque todo lo estás preguntando.

              Pues no preguntaría si siguieras escribiendo, anda… directo lo que sigue

Él creía que serían felices para siempre, había soñado estar a su lado en el altar, pero no lo logró y fue su culpa. En casa, las ilusiones se desmoronaban mientras ella deshacía las maletas. Irse juntos, fugarse de una vez por todas…

              ¡La plantó!

                            ¡Otra vez la interrupción!

              Pues nomás me das ideas, quiero saber qué pasa

Está bien que pienses pero no te adelantes, porque, ¿cómo la va a plantar si le dijo la verdad viéndola a los ojos? ¿ya no te acuerdas?

              Ah, cierto, eso era cuando era un cínico desgraciado sin vergüenza.

                            Ya vas a volver a empezar… mejor continuo…

Irse juntos, fugarse de una vez por todas, juntar sus ahorros, construir su casa para formar un hogar, pero su ambición debía interponerse en su felicidad y destruir sus planes. Fue la casualidad la que lo llevó a esa mesa, no fue planeado, pero la tentación sacudió cuerpo. Era la oportunidad perfecta (le habían dicho) cumplirás tus sueños (le comentaron) no lo dudes más (le insistieron) será una inversión (le hicieron dudar) tendrá más de lo que necesitas, mucho más (lo convencieron).

              Hombre tenía que ser…

                            Tranqui, tranqui… ¿por qué la agresión?

              Porque las mujeres no son tan ambiciosas.

                            Eso se corrige cambiando los sujetos en las oraciones.

              No, no, es mucho trabajo, ahí déjalo… ya no más juicios…

                            ¿En serio?

              Al menos se intentará.

                            Al menos.

Sabía jugar, tenía buena suerte y una buena mano, pero mira si es cruel el destino y...

              …esta ciudad es chica

                            ¿Qué?

Ricardo Arjona, historia del taxi… eso dice “mira si es cruel el destino y esta ciudad es chica… era mi mujer”

              No, no pagaré regalías.

Sabía jugar, tenía buena suerte y una buena mano, pero nunca se subestima al enemigo.

              Ay, con Arjona se oía bonito

Hubo varias jugadas, ganó, perdió y al final la mesa seguía repiqueteando son el sonido del cubilete. Vencieron a su quintilla con una flor imperial, justo después de gritar “todo al centro”. Se quedó sin palabras, sin dinero y sin suerte.

              ¿Tampoco le atiné al póquer? ¡Por Dios, nadie juega cubilete!

                            Ellos, sí.

Llegó con las manos vacías a lado de su amada.  Llevaba sus sueños rotos, su mirada lo delataba, ella sabía que algo había pasado.  El dinero de su nueva vida se había quedado junto a la vida que había prometido dejar atrás y no pudo.  Le ganaron la ambición, la tentación, la codicia. Podía perdonarle, pero eso no cambiaría nada, el dinero regresaría, pero no así, la confianza. Ella sabía de sus noches de tahúr, pero creía en sus promesas de pisar el pasado y caminar a paso firme junto a ella. No lo logró.

              Pero es una traición chiquita, sí que lo perdone.

                            No, no hay traiciones grandes ni pequeñas, traición es traición.

              Pero fue un error, puede cambiar, yo le creo.

                            Tú sí, pero ella no.

Ella seguía en la ventana, él seguía en la lluvia, ella dio la vuelta y cerró la cortina, él cerró los ojos.

              No, no puede quedarse así, tiene que recuperarla.

Él con el peso de la pérdida, ella con el peso de la traición.

              Yo con el peso de la incertidumbre.

En su pecho, el dolor que compartían. Él demostraría su valía, regresaría pronto a su lado, estaba seguro de que el amor no desaparecería antes de qué el mostrara que había cambiado.

              ¡Eso!

                            ¿No que lo romántico era aburrido?

Quizás ella lo esperaría, quizás no regresara nunca, pero algo era muy claro, no podía dejarla ir, ni a ella ni a sus ojos claros, la tersura de su voz, la calidez de su abrazo, la tranquilidad de su ser y el candor de su alma.  No se quedaría así, volvería y cumpliría su promesa,  viéndola a los ojos nuevamente le diría las únicas palabras que siempre quiso decir a su lado “sí, acepto”.

                            Fin

              ¿Qué? No….

                            Fin, dije

              Que no, que no se puede quedar así

                            Que sí, mira: FIN

No, no, no… me rehúso… quiero que sí regresen que vuelva que le diga que la ama, ¿por qué no le dijo que la ama?

              Porque ya lo sabe

No importa, porque el amor se siente, se huele, se escucha, se palpa.

              Ya salió tu lado poeta

El amor es comprensivo, el amor es servicial…

              Eso lo he oído en algún lado

Pues no en tu texto…

              De cualquier modo, ya se acabó.

Pues voy a hacer mi propio texto donde se perdonen y vivan felices para siempre.

              Adelante,

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                            ¿Quieres más rayitas?

              ¬¬

                            Lo sabía.

FIN

martes, 27 de agosto de 2024

Good girls

Acabo de terminar las 4 temporadas de Good Girls y tengo un raro sinsabor... Una historia que promete empoderar a 3 mujeres comunes y corrientes, madres, de distintos estratos sociales, diferentes condiciones de vida pero unidas desde la adolescencia por una amistad inquebrantable. 

Esta serie empieza enfrentándolas a 3 problemas distintos: la enfermedad de una hija, la pérdida de la potestad y la bancarrota, por lo que deciden robar una sucursal del supermercado para cubrir sus deudas, pero descubren que le robaron a uno de los líderes mafiosos de su ciudad y ahora tienen que devolverlo. 

Con situaciones tontas e inverosímiles va tejiendo una red de errores que las va metiendo, voluntariamente, en las redes del tráfico de medicamentos y la falsificación de dólares americanos.  Decisiones, malas decisiones. De las 3 parejas de las mujeres solo se rescata uno, el esposo policía que se va corrompiendo moral y éticamente conforme va apoyando a su mujer a seguir avanzando en su camino criminal.  
¿Quién puede comprar un ferrari con el dinero robado sin que nadie lo note ni sospeche? Ellas.
¿Quién puede comprar y devolver cosas como si fuera biblioteca pública? Ellas
¿Quién puede esconder un cuerpo desmembrado en un refrigerador sin que nadie pregunte al respecto?  Ellas no, pero una amiga de ellas sí. 

Al pasar de los capítulos, se les van olvidando los personajes, son flojos en la construcción de sus motivos y no son consistentes con el cómo la historia los van cambiando, algunos personajes solo desaparecen.  Trata de hacerlo cómico pero no lo logran, es una historia triste, desgarradora. 

Son 3 mujeres que se encuentran un camino criminal y deciden seguir por él, corromperse, cambiando sus creencias, volviéndose los pilares de la economía familiar y aún así doblegarse porque no pueden dejar a sus hijos criados por el padre, rendirse ante el jefe que juega con ellas, les ofrece la luna y las estrellas, les promete más liderazgo y nunca logran ser suficientes.  Incluso después de dispararle, no lo matan. 

Y al final, solo son mujeres en un mundo de hombres que no les va a permitir salir de lo establecido, que no les va a dejar ser más ni siquiera en un mundo donde no hay valores ni lealtades, pero sí hay géneros y solo por eso, por ese detalle, es triste que 3 mujeres dispuestas a darlo todo (su integridad, valores, familia) por su ambición, terminen siendo nada... como siempre... como en la vida misma.  

martes, 24 de octubre de 2023

Se acabó

Hubo una vez una historia que comenzó como un cuento de hadas.  Dos personas que se vieron a los ojos y encontraron en la soledad del otro el reflejo de sí mismos. Dos vacíos que quisieron llenarse mutuamente. Dos entes incompletos que querían hacerse uno, que mientras más daban, menos tenían. 

Una historia de deseo y amor, con errores de uno que le dolían al otro, quien respondía con mentiras y engaños para hacer perder al uno. No hubo abusos, no hubo violencias, no hubo presión, pero tampoco crecimiento, ni logros, ni sueños cumplidos. Hubo lágrimas y momentos felices. Muchos de cada uno, pero poco de ambos, al mismo tiempo.  Hubo planes que se diluyeron con el tiempo y acuerdos que nunca dejaron de ser palabras. 

Hubo una historia y tuvo un final, que no necesariamente es feliz.  Un final, porque todo se acaba, aunque uno no quiera, porque el amor tiene fin, aunque el otro lo niegue. Hubo, pero ya no hay... porque ni el amor, ni las palabras, ni los deseos, ni las personas fueron suficientes. 

Se acabó.

Y con el final llegaron las noches sin lágrimas, sin angustia, sin desvelos. Llegaron los días vacíos, libres y sin otros planes más que ser uno mismo.  Se fueron las noches de acción e imaginación sin límite y llegaron los recuerdos y las memorias.  

Se acabó y comenzó el dolor que se camuflaba para no irse, queriendo quedarse y calar hondo.  Se acabó y el sufrimiento que apenas iniciaba ya asfixiaba. Porque cada final es un inicio, de lo mismo pero diferente forma. Amor, dolor, pasión, sufrimiento... inicio, final.  Todo y nada... Él y yo. 


jueves, 16 de marzo de 2023

Los objetos tienen alma

 Los objetos tienen alma

Se cubren con polvo esperando que alguien llegue y los descubra, los tome entre las manos y con un soplo de aire les quite el polvo acumulado, desean que las manos los acaricien aun que sea con un trapo intermediario. Desean ser vistos, reconocidos, recordados y mientras tanto se hacen pequeños, camuflados, se van haciendo invisibles a los ojos de quienes se han acostumbrado a ellos.  Desean ser vistos, pero se ocultan.  Desean ser amados, pero se esconden.  Es hasta que una mano amable los toca, los limpia, los usa... y así vuelven a vida.

Los objetos olvidados se hacen inútiles, se sienten solos, desechados y se descomponen porque el tiempo los va obligando a olvidar cómo funcionan, para qué están hechos, cuál es su sazón de ser. Los objetos olvidados se deterioran, el corazón se les alenta, la vida se les acorta, la tierra los envuelve y en lugar de unas manos tienen al polvo de cobija.  

Los objetos tienen alma, pero se cubre y se encierra en sí misma, evitando la vergüenza de no saberse útiles ni queridos, ni usados o reconocidos... muy parecido al ser humano. 


miércoles, 15 de marzo de 2023

Soy maestra...

Amo ser maestra, amo entrar a un salón de clases, preparar actividades y hasta calificar trabajos tediosos y mal escritos. Amo tener cada semestre personas nuevas de las cuales aprender. Amo tener retos llamados nuevos planes de estudio, nuevas materias, grupos difíciles o personas con dificultades para aprender.

Amo ayudarlos a descubrir lo que les gusta (o no), el potencial que tienen, perder el miedo y volver a intentar.  Amo hacer que mis alumnos se enfrenten a sí mismos y logren lo que creían que era imposible. Amo sufrir con las fechas límite y usarlas de pretexto para tomarme un café mientras leo ensayos, para mancharme las manos con tinta roja o para sorprenderme porque hicieron algo que no creían que fueran capaces de hacer. 

Amo comprar plumas de colores y lápices decorados para darlos de premio, repartir chocolates y compartirles paletas chiclosas.  Amo buscar pretextos para hacer clases más divertidas, para jugar con ellos, para hacer interacciones sustanciosas.  Amo generar aprendizajes, sueños y metas. 

Soy maestra, porque no puedo ser alumna toda la vida.

domingo, 17 de julio de 2022

Un año de cushing

17/07/2022

El 17 de julio de hace un año, estaba entrando a cirugía para quitarme un adenoma hipofisiario de 7.38 x 8.66 x 6.17 mm de forma trasnasal, es decir, que me sacaron un tumor de la cabeza por la nariz.

Así nomás. Hace 18 kilos y con el diagnóstico de Síndrome de Cushing por tumor de hipófisis, estuve con una central en el cuello y pasando la noche en terapia intensiva (lo normal para este caso).  Un moco de un tamaño diminuto que provocaba un exceso de cortisol, pasando los límites normales (entre 100 y 200), hasta los 2000. Este cortisol, también llamado la hormona del estrés provocaba en mí, insomnio, retención de líquidos, cambios de temperamento, temblores, muchos moretones, descompensaciones y sobre todo baja autoestima, me veía y me sentía tan mal que no quería ni salir de mi casa… y la pandemia me lo cumplió.

Por años, pensé que se me hinchaba el cuerpo porque viajaba y “cambiaba la presión”, en los últimos viajes a la ciudad de México era tanta la inflamación de mis pies que me tenían que inyectar para poder seguir usando los zapatos.  De un día al otro ya no podía usar la misma ropa porque simplemente no cabía.  Síntomas desapercibidos para alguien que siempre ha sido denominada gordita: cara redonda, una joroba de grasa, hinchazón, debilidad muscular, obesidad y estrías en el abdomen.

Postergué mi visita al médico por meses, tenía pánico a que hubiera algo mal en mí (como al final pasó), sin embargo, todo se fue dando de una forma tan rápida y certera que supe que estaba en el camino y en el momento adecuados. Desde la primera visita del doctor hasta la cirugía fueron 3 meses y medio, en los que se realizaron todas las pruebas y análisis (sangre, orina, sangre, resonancia, más sangre), buscar y encontrar endocrinólogo, neurólogo y hospital, hacer que la aseguradora cubriera los gastos, agendar la cita, lograr que todo fuera en vacaciones… 3 meses y medio que se volvieron muy intensos para hacerme a la idea de la gravedad, pero también de la importancia y suerte de todo el proceso.

Agradezco a todas las manos involucradas en forma de doctores, asistentes, enfermeros y secretarias, a las personas pendientes, a quienes me pusieron en el camino, a las visitas en casa y los mensajes y llamadas. Agradezco a los que se quedaron conmigo porque no podía quedarme sola, porque necesitaba estar monitoreada, me mareaba, no tenía fuerzas ni para bajar escaleras sola.  Agradezco a mi persona, a mi cuerpo y a mi Dios.

Después de 5 días en el hospital y con una cuenta de la que no me he recuperado financieramente, vi la vida con otros ojos. Una vida más tranquila, más en calma, que me encaminó a hacer otros cambios en la vida en cuestiones de trabajo, autoexigencia, hábitos de sueño y hasta de cantidades de café.  Cambios que me permiten ir sin prisa, subiendo y bajando la escalera, escalón por escalón; que me permiten tomar el tiempo para caminar de un lugar a otro porque ya no puedo ir corriendo.  Cambios que me permitieron pedir ayuda, porque hay muchas cosas con las que ya no puedo sola; cambios que me obligan a organizarme mejor porque no puedo desvelarme con la misma energía, cambios que me hacen voltear atrás y ver que uno no es una talla ni una imagen en el espejo, es conocer y reconocer cuando algo en el cuerpo no está bien y afrontarlo.

Nadie sabe cuándo es el mejor momento mas que uno mismo, a mí me sirvió escucharme y decidirme, no bastó con las miles de veces que mis amigos me dijeron “ve a checar eso”, nadie hizo una cita por mí.  La decisión viene de uno mismo o no llega, no es solo estar feliz y orgulloso con el cuerpo y la talla que se tiene, es saber cuándo ese cuerpo, independientemente de cómo sea, está fallando… es reconocerlo y hacer algo por él, a favor de uno mismo.

Pasó un año, el tumor puede volver.  Ahora solo queda estar pendiente de las señales y seguir llevando la vida con calma y jugar a bajar otros 18 kilos… ahora sin cortisol. 

martes, 16 de marzo de 2021

Estoy gorda y feliz

 Hoy, veo al pasado con aceptación, no con culpa.  Veo al pasado pensando en las veces en las que me sentía gorda, me veía a mí misma como gorda y no sabía qué tan flaca estaba.  Ahora, no solo estoy gorda, también estoy hermosa y me acepto como tal. 

Acepto mi sobre peso, el que viene desde la carne y no desde la evasión, la ansiedad y la presión social.  Hoy abrazo mi cuerpo y lo acepto.  No como antes, ya no desde una talla 11 que me hacía sentir ancha, ni desde una talla 13 que me hacía sentir grande. Me abrazo desde una talla 38 después de iniciar un proceso de amor, de cariño y de satisfacción personal desde una talla 42.

No importa qué tanto me digan que me veo bien o mejor, veo las fotos del pasado y recuerdo cómo me sentía antes, aunque me veía delgada no me sentía así, no me satisfacía así.  No era gorda, pero así lo creía, así lo sentía… así me veía. No era gorda, pero no sabía cómo sacarme provecho.  Estaba buenísima y no lo sabía.  Mi cuerpo, curvilíneo estaba bien, pero mi mente frustrada, no. 

Veo las fotos en las que veía cachetes enormes, panza desbordada y caderas muy anchas.  Esas fotos que resaltaban la papada, las chaparreras o la lonjita.  Fotos que no me favorecían y a las que yo les creía, dejándolas instalarse como imágenes fijas en mi cerebro como un cruel recordatorio del cómo “me veía el exterior”, creyendo que así era en la realidad… y vaya que la realidad era otra.

Itza del pasado, lo siento, no te defendí a tiempo, no te quise como debería, no te cuidé como tenía que hacerlo.  Discúlpame.  Propongo redimirnos, empezar a destruir esas capas de grasa desde el amor y el cariño, desde la autoaceptación.  No dejaremos que nadie más nos diga cómo nos vemos ni cómo somos.  Ninguna foto tendrá ese poder.  Porque no importa cuánta agua, músculo o grasa haya en el cuerpo, serán más los kilos de autoestima los que tendremos.

Te fallé, nos fallamos, pero eso quedó atrás.  Pensemos solo en cómo Itza del futuro nos verá y sonreirá por este pacto que estamos cerrando.  Porque ella será quien recoja los frutos de este revuelo, de esta levantada, de esta segunda oportunidad. 

sábado, 27 de febrero de 2021

Princesa

 

“Para morir, se debe preparar la casa, recibir al niño que supimos ser.  Saber pedirle perdón por tanta traición cometida, por tanta mentira, por tanta sistemática decepción, por el ritmo perdido, por tanta belleza pasada por alto”.

Cerró el libro, no estaba preparado para tanta verdad. Enfrentar a su niño interior es algo que no había hecho nunca, que no sabía cómo hacer.  Una vez, cerró los ojos y el mundo se detuvo por un segundo.  Tuvo una visión que continuó acechándolo durante años, cada vez que bajaba la guardia volvía a aparecer esa imagen de sí mismo, un deja vú inverso, un recuerdo inventado.  Se había visto de pie, a los 6 años, vestido como princesa, sonriendo, apoyado sobre la pared, con una mano acomodando la corona de papel dorado que estaba sobre su cabeza y, mientras se mordía el labio, sonreía pícaramente. 

No, no podía ser un recuerdo, nunca lo fue.  No era él, era un alguien diferente que se parecía a él, pero no había sido nunca parte de sí mismo.  Era una princesa con un vestido rosa, ampón, acrepetado, hermoso.  Era una niña sonriente, sin complejos, feliz.  Era obvio que no era él.

Volvió al libro, releyó la línea que le señalaba la cruda realidad: “pedirle perdón por tanta traición cometida, por tanta mentira”.  Pedirle perdón al niño que, ¿supimos ser? No, no podía, porque nunca supo lo que era ser niño.  Desde siempre fue adulto.  Nació rodeado de ellos, creció imitándolos, se desenvolvió como uno más desde las primeras etapas de su vida.  Hablaba, caminaba y se expresaba como un hombre mayor.  Nunca jugó con sus pares, nunca tuvo malas influencias, no quebró vidrios ni se raspó las rodillas.  Sí, sabía montar una bicicleta, pero no para levantarla en una llanta.  Sí, sabía patear un balón, pero no para anotar goles ni driblar a sus contrincantes.  Sabía leer, lo disfrutaba, sabía apreciar la buena música, la buena comida y la no compañía. 

No, no sabía pedirle perdón al niño que no dejó ser, al pequeño que no dejó crecer dentro de sí, no sabía cómo interpretar la visión de sí mismo sonriendo con una ternura que era incapaz de sentir.  Recordaba esa imagen de nuevo, él que no era él, él vestido de princesa, él solo él, el cuarto vacío. 

Tenía 48 años, una residencia antigua en donde vivir, un negocio que le redituaba sin supervisión, una familia a la que no visitaba nunca y mucho miedo de morir: también tenía cáncer.  Se encontraba, como decía la frase, “preparando la casa”.  Estaba recordando cada momento vivido y cada decepción sufrida. Estaba recordando cada emoción suprimida, cada sonrisa reprimida, cada deseo frustrado que no se había atrevido a convertir en realidad.

Aventó el libro a la chimenea, tomó las llaves del automóvil, salió de la casa sin ponerle seguro a la puerta. Recorrió las calles buscando.  Recorrió la ciudad tratando de encontrar ese vestido rosa, ampón, acrepetado, hermoso… y lo encontró. 

Los empleados no podían evitar las risas nerviosas y cómplices a sus espaldas mientras ponían la prenda dentro de una caja.  Él la atesoró.  La llevó entre sus brazos y se dirigió de vuelta a casa.  Se detuvo en la papelería, un pliego de papel lustre color dorado sería suficiente. Llegó a su hogar.  No lo había nombrado así, hasta ahora. Ahora que era solo una carcasa que no tenía a quien heredar, un esqueleto frío que lo envolvía con sus brazos.

En lo privado de su habitación abrió la caja y desenvolvió el vestido de tules pasteles que colocó cuidadosamente sobre la cama.  Tomó el papel dorado y lo recortó como la corona que recordaba, como parte de esa realeza que genuinamente le pertenecía y que una vez estuvo lista, dejó a un lado del vestido.  No necesitaría zapatos.

Se paró frente al espejo, con dedos temblorosos fue desabotonando uno a uno sus complejos.  Dejó la ropa en el piso, bajo sus temores. Iba reconociéndose poco a poco, 48 años después, reconociendo su propia belleza pasada por alto.  Cayó el pantalón como cayeron sus miedos y se despojó de los estándares sociales en forma de trusa. Se quedó desnudo frente a sí mismo y se sonrió.  Sonrió como nunca, reflejándose luminosamente en el cristal impregnado de mercurio.

Sostuvo sobre sus manos su destino color rosa pálido.  Y se lo impuso a sí mismo sin cumplir con nadie, subió la cremallera acariciando su cuerpo.  Giró sobre sus plantas haciendo aún más amplio el círculo de los volantes. Tomó con ambas manos la corona y con una reverencia aunada a una estrambótica carcajada, la colocó sobre su cabeza.  Se vio a sí mismo como siempre quiso ser.  Mordió su labio con una sonrisa pícara.  Una lágrima recorrió su mejilla. Se aventó sobre la cama, estiró los brazos y fue feliz.

Tenía 48 años, una residencia antigua en donde morir, un negocio que le redituaría a alguna asociación, una familia que quizás lloraría en el funeral, pero ya no tenía miedo de morir: y ahora, tampoco tenía cáncer. 


lunes, 1 de febrero de 2021

Cita motivadora...

 Cuando tenía 15 años, mi papá me mandó una carta en la que escribía la siguiente cita: 

        Cuando nos va bien, nos va mal... porque el gozo es olvido. 
        Cuando nos va mal, nos va bien... porque el llanto es semilla. 

Ese retruécano me sacudió, pero no lo entendí. Ha sido a través de los años que me ha quedado claro cómo funciona: no significa que solo aquello que es fruto de un sacrificio será permanente, pero sí que el sudor, el dolor y el esfuerzo podrán sembrarse para obtener realmente resultados fructíferos. 

No es que disfrutar de algo lo convierta en banal o insustancial, al contrario.  Disfrutarlo, gozarlo momentáneamente y no darle su lugar, hará que pase desapercibido por nosotros y por ende, para todos los demás.  

Por ello es importante que nos vaya bien yéndonos mal y nos vaya un poquito mal cuando nos vaya bien, porque no todo es blanco, negro o gris... todo depende del matiz, busca y aprende a distinguir (gracias Mago de Oz); porque el justo medio es importante para no dejar pasar aquello que nos haga crecer y no minimizar los logros por más pequeños que sean. 

Porque el gozo es olvido, el llanto es semilla... y vivir es disfrutar y recolectar. 

miércoles, 21 de octubre de 2020

Otras promesas

 Me duele, pero es cada vez menos, ¿sabes?  Poco a poco voy perdiendo la fe en ti y todo lo que dices y prometes me va dando lo mismo y duele, saber que creo más yo en ti que tú en ti mismo… ya te lo he dicho y te sigue dando igual.  Lo peor es que no es tu culpa, tú eres así y yo espero que te motives y cambies, pero no vas a cambiar y no quiero acostumbrarme. 

El círculo es este: tú dices y prometes que vas a hacer algo, yo sé que no va a ser así, pero decido darte una oportunidad y te creo, aunque en el fondo sé (y a veces lo digo y te enojas) que no vas a hacer ese algo que dices, yo sé que no te vas a levantar, que no vas a terminar, que ni siquiera lo vas a intentar.  Ya sé lo que va a pasar, pero te creo y me quedo con la posibilidad de que lo que dices suceda y al final, la culpa es mía por haber creído (ooootra veeez) cuando ya sabía que no sucedería lo que prometiste (otra vez).

Como ayer, tú diciendo que harías tarea, que aprovecharías el tiempo de Santi en la escuela, yo sabiendo que regresarías de dejarlo y te tirarías a dormir, tú negándolo indignado: “claro que no”, dijiste cuando lo comenté.  Y pues, no me equivoqué. 

¿Cómo puedo contar contigo si te enojas cuando te lo pido? ¿Cómo puedo contar contigo si me echas en cara que sales de trabajar tarde y no puedes ni siquiera dormir? ¿Cómo puedo esperar algo si cuando te lo pido refunfuñas, lo ignoras o se te olvida? ¿Cómo puedo contar contigo si cuando me haces compañía te quedas en silencio, jugando, más atento a un teléfono que a ti o a mí?  

Y te lo escribo, porque ya me cansé de decirlo y que sea una queja más… no quiero ver tu cara cuando lo leas, porque ya he visto tu cara cuando lo digo: indignado, soberbio, orgulloso, herido.  Y sin cambios.  De nuevo promesas. 

Sé qué leerás esto “cuando te desocupes” y eso puede ser hoy, en 5 minutos o nunca.  Pero de nuevo, elijo confiar que puede ser diferente, aunque no lo sea.  ¿Total? ¿Qué se pierde? 

martes, 8 de septiembre de 2020

Y así fue cómo Alexa me salvó en la cuarentena…

 

Mamá, ¿cuándo nació Michael Jordan?

Mamá, ¿cómo se escribe “coincidencia”?

Mamá, ¿qué es una nube?

Ahora sustituya el “mamá” por un “Alexa” y relájese.  Deje que esta pequeña bocina inteligente haga todo el trabajo, deje que Alexa responda a estas preguntas y que la curiosidad de su pequeño crezca más y más. 

El asistente virtual de Amazon que está disponible en los dispositivos Echo, tiene como principal función brindar información sobre cualquier tema de tu interés, además de fungir como el centro de control de una casa inteligente. Sin embargo, una de las funciones más importantes de Alexa parece no tener importancia: Es una excelente niñera virtual.

Alexa puede mantener a tu hijo intrigado, atento y entretenido mucho tiempo.  Ya sea a través de música, historias, datos curiosos, sonidos de animales y muchas cosas más.  Alexa irá respondiendo las preguntas y generando más y más.  Un niño es una mente curiosa, necesita satisfacer esa curiosidad, saber cosas nuevas.  Los pequeños no se cansan de hacer, de buscar, de aprender.

Durante la cuarentena, Alexa se convirtió en una aliada.  Respondía a la voz del niño, lo llamaba por su nombre, lo sorprendía cada vez que adivinaba al personaje que estaba pensando al jugar Akinator, lo obligaba a repetir una y otra vez las palabras que no entendía haciendo que mejorara su dicción.  Alexa respondía lo que yo no podía responder, contaba cuentos, repetía el abecedario (en español e inglés) y practicaba con él las tablas de multiplicar. Alexa era un diccionario, no, una enciclopedia, no, mejor aún: una biblioteca.

Dale responsabilidades a tu pequeño y pídele que le dicte a Alexa la lista de compras, quizás la primera vez no le entienda y tengas una lista que diga jabón cuando querías jamón o “Platitas Radio grito” en lugar de “Plaquitas Raidolito”.  Deja que le pregunte si va a llover, cuáles son las noticias o el cuento del día.  Dale la oportunidad de explorar y aprender.

Que un niño pueda dar órdenes le da seguridad y confianza, es por esta razón que tener una mascota es útil para su desarrollo y autoestima.  El niño puede obtener una pequeña satisfacción al decirle al perro “siéntate” y que el canino lo haga, esa misma satisfacción la tiene cuando le pide algo a Alexa y ella lo hace, sin embargo, es un gran logro cuando, por fin, logra ganarle a Akinator, cuando responde la pregunta del día, cuando termina el juego de Maratón o cuando encuentra un huevo de pascua en las respuestas programadas.

Alexa le responde al niño como si hablara con un adulto, por lo que el pequeño va aprendiendo nuevas palabras, desarrolla su escucha activa y, mediante la reiteración, afianza patrones en su cerebro que le permitirán comprender mejor los argumentos y poner más atención a los detalles.

Para los niños, la repetición es una forma fácil de aprender, se la pasan viendo la misma película una y otra vez hasta aprenderse los diálogos y “adivinar” qué va a decir el personaje.  Así, Alexa nos ayuda repitiendo una y otra y otra vez las mismas respuestas, los mismos chistes, las mismas adivinanzas hasta que el niño se sienta confiado y seguro de preguntar, de equivocarse, de jugar.  Alexa no pierde la paciencia, no importa la cantidad de veces que le pregunten lo mismo.  Alexa no se aburre, no importa la cantidad de chistes que tenga que decir.  Alexa no se desespera, no importa si tiene que repetirse 10 o incluso 100 veces.  Lo peor que puede pasar es que conteste con un: “perdona, eso no lo sé”, un “disculpa, no lo tengo claro” o un “aquí hay algo que encontré en la web”.

Espero que durante este periodo, este segundo encierro... Alexa sea tu salvación, como fue la mía. 

 

miércoles, 17 de junio de 2020

Señora mamá

17/06/20

Esta nota es para pedirle un favor: acérquese a su hijo.  Es un niño atento muy curioso, se la pasa preguntando todo: ¿Qué son los yacimientos? ¿Dónde está Europa? ¿Cuáles son las nubes de lluvia?  Y generalmente puedo responderle todo, puedo darle ejemplos y puedo contarle historias sobre muchas cosas, mitos, leyendas, cuentos, poemas o canciones.  Pero hay ciertas cuestiones que no puedo responder, es decir, ¿qué se le responde a un niño de 10 años que se pregunta por qué su mamá lo bloqueó de Whatsapp? ¿Qué le digo a un hijo que dice “mi mamá no me quiere ver”? ¿Qué se le contesta a un pequeño cuando llora porque su mamá le dice “adiós, ya no volverás a saber de mí”?

Por favor, señora mamá, tómese en serio su rol.  Yo solo soy una herramienta de crecimiento, su maestra, su amiga, su mentora… usted es su madre.  El acompañamiento emocional debe ser suyo, no mío, yo me encargo de lo demás.  Yo puedo prometerle que no le va a faltar nada, usted no se preocupe por lo que él va a comer o lo que va a vestir o cómo se va a divertir, no se preocupe por sus operaciones matemáticas ni por su ortografía, no se preocupe tampoco por si duerme o juega o aprende, sus horarios no son importantes, usted escríbale a cualquier hora, en cualquier momento, tiene permitido distraerlo de sus deberes (aunque no sea lo mejor) preferimos eso que su eterno silencio.

Señora mamá, de verdad… preocúpese por él.  Pregúntele si ya sabe fracciones, si sabe ubicar a México en un mapa o si sabe cómo se descompone la comida.  ¿Sabía que está aprendiendo inglés? ¿Sabía que está tomando un curso para jóvenes influencers? ¿Sabía que ya se come las verduras sin reclamos?  Pregúntele por las respiraciones profundas y qué es Atención plena, pregúntele si quiere estar en un curso de verano y de qué trataría.  No tema, él pregunta todo y a cada rato, podría empezar a preguntar usted también.

Por favor, señora mamá, interésese, acérquese a su hijo, escríbale, háblele… pero solo dígale cosas buenas, no le diga que va a estar mejor sin usted porque ningún hijo quiere escuchar eso; no le diga que algún día lo entenderá porque ningún niño entiende eso; no le diga que ya tiene otra familia, que ya se consiguió nueva mamá, que ya no la necesita a usted porque siempre, cualquier niño va a necesitar a su madre.

Por favor, señora mamá, hágalo hoy… mañana podrá ser muy tarde. 

martes, 26 de noviembre de 2019

No merezco... no lo acepto.

No me merezco ni las lágrimas en la almohada, ni la angustia en el corazón, ni tus malos gestos y palabras. No me merezco tus celos sin razón, tus preguntas incómodas y ni tus malos pensamientos.  No me merezco pensar que no soy suficiente, sentir que sigo sola, saber que no estás conmigo cien por ciento comprometido.  No me merezco tu postura de víctima, tu forma de devolver los enojos y tus ojos de furia cuando digo algo que no te parece.  No me merezco ni tu hiriente silencio, ni tus crueles palabras, mucho menos tu desdén y tus arrebatos. 

No lo merezco y me pregunto por qué continúo a tu lado y la respuesta que antes justificaba todo se va disolviendo entre tus manos... Porque el te quiero que podía aguantarlo todo se debilita, porque oír los te amo que antes fortalecían, hoy de sienten desgastados, porque las palabras suaves de amor que ayer endulzaban mis oídos hoy carecen de sentido.

Y no merezco menos amor del que me doy a mí misma y no necesito más preocupaciones que las que sola tengo... Así que no te preocupes, ya no te exijo, ya no te pido, ya no te considero... Ya no recordaré pendientes, ni sueños, ni ilusiones, ni metas juntos... Porque me merezco a alguien que me acompañe a reír, que incite a pensar, que luche conmigo y confíe en mí; alguien que use sus alas para volar a lado mío y me impulse a llegar más lejos como lo trato de hacer yo... Alguien que sea capaz de dejar atrás el pasado para reconocer el futuro y vivir pleno el presente.  Alguien cuyo sueño sea estar conmigo porque mi sueño es estar con él.

martes, 17 de septiembre de 2019

Una vez más

Otra caída, otra mentira, otra desilusión.
Mentir es tan fácil en los labios de otros que empiezas a creer que es lo común.
Verlo a los ojos, aceptar sus palabras, pensar que no es cierto y volver a empezar.
¿A quién creerle? ¿En quién confiar? ¿Lo que ven los ojos o lo que escuchan los oídos?

Pensar que no es cierto, que no se puede fingir la felicidad.
Hacerse la fuerte, mirarlo a los ojos, decidir cómo lo vas a encarar.
Porque una vez que dudas, la traición es inminente.

Conocer la verdad, encarar la mentira, decidir enfrentar.
Llorar, mentirse a si mismo, enfrentar lo que se sabe no es realidad.
Respirar, decidir: enfrentar o ignorar. Dudar o confiar.  Sonreír. Continuar.

sábado, 2 de febrero de 2019

Te quiero...

Quiero un contigo que no me sepa a costumbre, quiero un por siempre que no me sepa a obligación.
Espero sentir esa anticipación, esa emoción en cada beso, sin que se convierta en la monotonía de cualquier relación.
Quiero seguir jugando a encontrarnos, a que nuestras manos no se conocen y necesitan conectarse para saberse.
Quiero seguir ansiosa de no saber cuál será la próxima ocurrencia que pasará por tu cabeza y no saber cómo te volveré a ver.
Quiero conocer todos tus gestos, diferentes rostros en la misma piel, quiero adivinar tus pensamientos y verte fijamente antes de dormir.
Quiero estar ahí con cada nueva arruga, en cada nuevo sueño, en cada nueva felicidad, escuchar cada canción dedicada y entender que la letra es para nosotros dos.
Quiero construir lo que otros han destruido y hacer y ser juntos nuestra propia realidad, dormir contigo envuelta entre tus brazos y despertar a tu lado una vez más.

Quiero que no me duela el alma decir "te quiero", quiero un por siempre que tarde en llegar.
Quiero un infinito que contemos juntos, quiero quererte... y solo sé que no sé hacerlo.

jueves, 30 de agosto de 2018

¿miedo?

Claro que tengo miedo, claro que tiemblo cada que le escribo un mensaje y espero, nerviosa, su respuesta.  Claro que me da temor pensar en lo que va a pensar y en lo que va a creer con cada pregunta, con cada comentario, con cada pedazo de mí que lee en mis mensajes enviados.

Sí, tengo miedo y escribo con miedo pero, ¿qué es lo peor que podría pasar? ¿Que me mal interprete? ¿Que me deje en visto? ¿Que no quiera responderme? ¿Que se canse de mí y no responda? 

Todo lo que pasaría si conociera a alguien que no soy yo y de repente la verdadera yo apareciera.

Claro que temo echar todo a perder, decir algo inapropiado, que se ría, que se burle, que me vulnere… Total, lo peor que podría pasar ya pasó y lo mejor de mí regresó.  

Porque con miedo o sin miedo: "Vivir en una total incertidumbre es algo que mortifica horrores, y prefiero la desilusión a vivir como una ilusa" (Ofelia Quiroz)

lunes, 7 de mayo de 2018

A manera de despedida...

Te deseo éxito. De ese que se logra con mucho esfuerzo y dedicación, intentando una y otra vez y mil veces más; probando distintas formas de hacer las cosas, aprendiendo, descubriendo, innovando, cambiando el mundo. 

Te deseo dificultades.  De esas que te retan y te sacan de la zona de confort, de las que te sacuden para sacar lo mejor de ti. De las que te hagan detenerte, pensar, reintentar y sobreponerte.  De las que te obliguen a pensar diferente, actuar diferente, amar diferente. 

Te deseo pasión.  De esa que te llena de energía aunque no hayas dormido, de la que te renueva las ganas y el ímpetu y te impulsa sin necesitar café o chocolate (o pizza), de la que se renueva día a dpia porque lo que haces te llena de satisfacción. 

Te deseo fracasos. De esos que te dan lecciones que se repiten si no las aprendes.  De los que te enseñan que nada es perfecto.  FRacasos que te ubiquen y te centren, que te obliguen a tomar vuelo para aprender a volar. 

Te deseo felicidad.  De esa que se comparte con los seres que amas, de la que se logra en equipo, de la que verdaderamente importa.  De la que no se alcanza en un día sino en un largo proceso, de la que se forja poco a poco, casi sin darte cuenta. 

Te deseo suficiente. Que nada te haga falta y que nada te sobre, que siempre tengas para dar y que siempre puedas recibir: amor, persistencia, satisfacción, tiempo, dedicación... alegrías y tristezas. 

Te deseo un buen viaje.  Disfruta del camino hasta tu próxima estación. 

Ana Itza =) 

lunes, 5 de marzo de 2018

Mis guías de Axción



1. Sí reto, evitar problema

Pensar en un problema nos impide lograr el objetivo, pensar en un reto nos anima a sobrepasarlo. El problema detiene, el reto impulsa. Todo lo que impide llegar al éxito es un problema mientras que el reto es la oportunidad de pensar en alcanzarlo.

2. Sí pasión, traspasar emoción.

La pasión es un sentimiento mucha intensidad que dura mucho tiempo, la emoción es un sentimiento donde hay mucha fuerza y poca duración. La pasión es el sentimiento que provee energía, positivismo, y grandeza; rompe con las barreras del NO PUEDO.

3. Sí saber escuchar, evitar hablar demasiado.

La naturaleza es tan sabia que nos dio dos orejas y una boca precisamente para escuchar el doble de lo que hablamos. El escuchar nos permite tener una idea más clara de lo que piensan los demás y poder fortalecer nuestras opiniones cuando nos llegue el momento de decirlas.

4. Sí hablar por uno mismo, evitar hablar por los demás.

La pluralidad permite eludir responsabilidades, la singularidad permite afrontar las consecuencias buenas y malas de cada acto. Evitar términos plurales y comience a hablar

5. Sí aterrizar, evitar sólo planear.

Planear sin tener estrategias de realización no sirve de nada es como estar siempre flotando sin atrevernos a poner los pies en la tierra y comenzar a hacer las cosas.

6. Sí orientar, evitar imponer.

Imponerse a los demás provoca que otras ideas más valiosas se pierdan por temor de ser rechazadas sin embargo al orientar se genera un ambiente de participación en el que el grupo avanza hacia los objetivos sintiéndose comprometido con estos y no obligado a cumplirlos.

7. Sí colaborar, evitar competir.

Generalmente el competir implica que alguien gana y alguien pierde; es decir, se plantea una posición de negociación “ganar-perder”. En un colectivo, ésta posición provoca un menor desarrollo de energía que perjudica el crecimiento total de la organización.

8. Sí comunicación, evitar asumir.

Al suponer se está prejuzgando, es decir, se está emitiendo un juicio sin tener los elementos suficientes que otorguen la competencia para realizar dicha valoración. En lugar de suponer las cosas, se propone el recopilar los hechos que están al alcance y utilizarlos para poder construir un juicio fundamentado.

“Las acciones derivadas por suposiciones son como supositorios, algunos de los cuales siendo de gran tamaño y colocados en lugares equivocados, duelen mucho ”.

9. Sí querer hacer, evitar tener que hacer.

El tener que hacer se limita a una obligación, simplemente se tiene que cumplir (síndrome de lo estrictamente necesario). Por el contrario, el querer hacer invita a dar un poco más en cada cosa que se hace y cada vez que se hace (síndrome del esfuerzo extra).

10. Sí levantarse, evitar lamentarse

“Si te caes 7 veces, levántate 8” (proverbio hindú). Caer sin aprender de la caída es fracasar y lamentarse es otra forma de seguir cayendo. Cuando nos lamentamos seguimos pensando en lo que sucedió cuando nos levantamos pensamos en que hacer para no volver a tropezar.

11. Sí persuadir, evitar convencer.

El convencer implica ganar ‘nosotros’ y hacer perder a los ‘demás’: Te convencí, yo gané y tú perdiste. En cambio, al expresarse en términos de seducción se reconoce que las dos partes ganan. Como ejemplo ilustrativo en publicidad se maneja que hay que seducir al cliente para que compre en tal o cual empresa. Otro ejemplo más significativo es hablar del amor, donde nadie convence a nadie, los dos se seducen, se enamoran, y la pregunta es ¿por qué no hacer lo mismo en otras relaciones? Nuevamente se está haciendo referencia a una diferencia de interpretación que puede influir en la actitud: estoy contra ti (convencer) o contigo (seducir).

12. Sí consenso, evitar mayoría.

Cuando en un equipo se decide con base en la opinión de la mayoría al opinar unos a favor y en otros en contra, hay muchas posibilidades de generar energía negativa dentro del equipo por tener insatisfacciones dentro del equipo. Una manera de reducir esa energía negativa es preguntando a los que están en contra de la propuesta realizada, las causas de su decisión y buscar puntos de equilibrio. En la medida que se reduzcan las causas contrarias la decisión se generará un mayor compromiso de los participantes y un mayor alcance de la decisión, es decir, una mejor decisión.
13. Sí comprometerse, evitar involucrarse.

El involucrarse coloca al individuo en un papel de pasajero en un gran barco; es decir, se está esperando que las cosas sucedan y a que alguien haga algo. Al comprometerse el individuo da algo de sí mismo en cada acción que lleva a cabo; si se toma la iniciativa no se depende del que otros marquen el camino. Para ejemplificar esto se puede considerar un desayuno de huevos con jamón, en el cual se encuentra que cuando se limita a involucrarse se está en el papel de la gallina que pone los huevitos y se va; pero el cochinito se compromete con el desayuno porque para poner el jamón se da en vida. Entonces se propone el darse en vida cotidianamente por las cosas, y no necesariamente dar la vida por las cosas.

14. Sí atención, evitar distracción.

Centrar nuestra atención permite hacer las cosas en menor tiempo y con mayor calidad, el distraerse implica para la mente un descanso y el re-enfocarse a la actividad inicial le cuesta mayor trabajo y mas tiempo. Dar nuestra atención es señal de respeto a los otros.

15. Sí verdad, evitar mentir.

En ocasiones, buscando salir de un problema y evitando afrontar las consecuencias de las acciones emprendidas o no querer asumir una responsabilidad que se ha adquirido, se llega a optar por resolver el conflicto con una mentira. Sin embargo, esto puede conducir a que se necesite mentir de nuevo para apoyar la mentira original, generándose un ciclo continuo y de enorme desgaste de energía y de credibilidad. Asimismo, en nuestras relaciones interpersonales pareciera que se viviera mintiendo al usar las frases como “ honestamente…”, “ sinceramente…”, “ para serte franco…”, etcétera y se pide permiso para decir la verdad. Esta conducta también hace parecer el individuo no se siente capaz o se desentenderá del compromiso adquirido.

Duelo y despedida...

Cada despedida es diferente.  Decir adiós es más fácil cuando sabes que el hola de nuevo vendrá pronto, cuando la esperanza de volverse a ve...